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No es lo mismo…

…pero se parece un montón

J. Diego Carro

El lunes me llegó por Whatsapp la foto adjunta con el mensaje siguiente: “para todos los que habéis hecho fotos a la superluna con el móvil y creéis que no se ve bien, aquí os dejo una foto de una rodaja de mortadela. No es la luna, pero se parece un montón… Me vino a la cabeza, casi de inmediato, el comentario de una compañera que me contaba que, cuando hablando con una amiga le dijo que iba a hacer la carrera de psicología, ésta le dijo “¿Para qué? ¿Para qué vas a gastar tantos años si puedes hacer un curso de coaching o de otras terapias alternativas y con mucho menos tiempo vas a a poder hacer lo mismo? Y es que… en estos días que corren en los que, afortunadamente, las personas se ocupan de su desarrollo personal y de su bienestar emocional, la oferta ha respondido a la demanda de una manera muy curiosa. Mientras que los Psicólogos, una vez terminados sus estudios, tienen verdaderas dificultades para poder ejercer su profesión y, en muchos casos, han de hacerlo con una remuneración que no me atrevo a calificar,  el mercado ofrece una tremenda variedad de “terapeutas” de todo tipo cuya cualificación y capacidad real de responder eficientemente a lo que se espera de ellos es, muchas veces, más que dudosa y, en ocasiones, peligrosa. En su formación, el Psicólogo, toma conocimiento serio y fundado de todas las variables que pueden afectar tanto a la mente del ser humano como a su situación en la sociedad y, por tanto, a sus relaciones con los demás. Adquiere conocimientos y herramientas científicamente contrastadas para valorar y ayudar, en un proceso serio y con garantías, a las personas en su camino tanto terapéutico como de crecimiento y desarrollo personal. Es evidente que, como en cualquier otra profesión, tras la adquisición de los conocimientos será necesario adquirir la experiencia, pero la base, sólida y consistente está ahí, lista para responder o para saber dónde buscar la respuesta si no se tiene y, desde luego, para asegurar que cualquier situación “inesperada” lejos de quedar sin resolver (como sucede en la mayoría de los casos, en los que muchos “terapeutas” las aparcan mediante explicaciones simplonas, dejando a la persona en un menor o mayor estado de ansiedad, cuando no causando daños) reciba la respuesta adecuada en el menor tiempo y la mayor eficiencia posibles. Frente a estos estudios y procedimientos rigurosos y contrastados científicamente, muchos “terapeutas” (obviamente, no todos) ofrecen una serie de técnicas y trucos aprendidos para “solucionar” (muchas veces, sólo en apariencia) los problemas más comunes utilizando el espectáculo, la anécdota o la superstición. Es lamentable ver cómo, en muchos casos, estos “nuevos magos” toman herramientas cuyo diseño ha llevado un gran trabajo de investigación y prueba las utilizan alegremente como “bonitas e interesantes dinámicas” o “powerpoints” quedándose en la mera anécdota, sin ninguna explotación posterior, haciendo así que luego su posible utilización correcta por los profesionales quede prácticamente imposibilitada. Vivimos en una sociedad de lo sencillo, de lo mágico, de lo inmediato, del espectáculo… Frente a los años de estudio y práctica, se prefieren unas semanas de técnicas y trucos; así mismo, frente a un trabajo real de construcción personal, se prefiere también el parche y el entretenimiento… Las personas no van a la consulta del profesional de la psicología pero atienden a “clases regulares” de todo tipo de “terapias” que, sin duda, les hacen pasar un rato muy satisfactorio pero que, en definitiva, poco o nada les hacen avanzar. El problema de fondo es que, en realidad, no sabemos lo que queremos ni a lo que nos arriesgamos;  respondemos a una moda sin marcarnos objetivos reales, nos perdemos en la actividad sin saber hacia dónde vamos o qué queremos y, así nos ponemos en manos de cualquiera sin pensar mucho más olvidando que la Piscología no es sólo un conjunto de técnicas sino que requiere un conocimiento profundo de la naturaleza del Ser Humano y de la Sociedad. Y lo que es peor, cuando damos con alguien realmente serio, como en lugar de “divertirnos” “nos hace trabajar” Como en lugar de darnos entretenimiento o contarnos historias y cuentos de hadas nos hace rebuscar en nuestra mente… huimos espantados. Lamentablemente tampoco hay vías claras de información y así, a las personas en general, les es difícil saber qué elegir para avanzar realmente hacia donde quieren de manera que, en este mundo de “reenvíos automáticos” atienden a las recomendaciones que reciben sin analizar mucho más porque… entre otras cosas… quien se lo envió o se lo recomendó tampoco lo analizó. Estoy convencido de que, sin la explicación, muchas personas habrían reenviado la “fantástica foto de la superluna” sin pensarlo mucho más y, aun así, estoy por asegurar que muchos lo habrán hecho porque no habrán leído el mensaje y es que, por mucho que también esté de moda el mindfulness seguimos funcionando en automático y prestando mínima atención a lo que hacemos En fin, llegados hasta aquí, sólo se me ocurre decir que, en tu terapia, en tu camino hacia el desarrollo personal, utilices tu espíritu crítico y tu consciencia no vaya a ser que te ofrezcan la luna y sólo recibas mortadela.   © J. Diego Carro AB Minerva Psicólogos
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