HABLANDO DE NUESTRO BIENESTAR ...

J. Diego Carro

Mucho se habla del “bienestar” y al final, como todos estos conceptos intangibles, es difícil llegar a concretar exactamente qué significa para nosotros cuando nos preguntan sobre ello. Desde luego parece obvio que una primera fase para “estar bien” es eliminar o, mejor, aprender a afrontar satisfactoriamente aquellas cosas que nos generan malestar. En esta línea está claro que podríamos diferenciar al menos, tres áreas: La física o fisiológica, la psicológica y la social. El objetivo principal sería estar bien con nuestro cuerpo, estar bien con nosotros mismos y estar bien con nuestro entorno; todo ello, de la manera más estable y permanente posible. ¿Cómo conseguimos esto? Aunque hay muchas ramas de la ciencia involucradas en la respuesta nos centraremos aquí, principalmente, en lo que puede aportar la psicología. En cuanto a la fisiología, a nuestro cuerpo la psicología lo aborda desde la perspectiva de la íntima unión que existe entre cuerpo y mente como soporte imprescindible del primero sobre la segunda. Cualquier cosa que afecte a uno tendrá repercusiones sobre la otra y viceversa. Más allá de las creencias y corrientes espiritualistas, el cuerpo no deja de ser una máquina muy compleja en las que cada cosa que sucede tiene un “porqué” y debería tener una explicación.  Hay ya muchísimo conocimiento científico al respecto aunque otras cosas aún se estén investigando. La psicología abordará de manera científica y contrastada el porqué de nuestras conductas y sus bases, la relación causa-efecto. Simplificando mucho podría decirse que se estudia cómo percibimos la información de nuestro entorno, cómo seleccionamos aquello a lo que vamos a dedicar nuestra atención, cómo lo interpretamos, cómo nos afecta esa interpretación, cómo incide en nuestro estado de ánimo y cómo reaccionaremos ante esas interpretaciones estudiando, finalmente, cómo actuamos y por tanto, su por qué. Es importante saber que en nuestra evolución se ha ido pasando de los sistemas nerviosos más simples y “automáticos”, al más complejo que es el cerebro humano. Los sistemas nerviosos de los animales están diseñados para la supervivencia y la reproducción, y hasta donde hoy sabemos, más allá del “instinto” y del puro condicionamiento automático o entrenamiento, son incapaces de “pensar”, es decir, de analizar lo qué pasó o de evaluar conscientemente las consecuencias futuras de sus actos. Simplemente viven el “ahora” y reaccionan ante los estímulos. El cerebro humano, por el contrario, además de este sistema primario basado en las emociones, tiene la capacidad de “ir más allá”, es decir, puede analizar conscientemente el pasado y valorar las consecuencias de sus actos en el futuro y ahí radica tanto su bendición como su maldición, su fortaleza y su debilidad: El origen de muchos de “los malestares”. Los animales ante cualquier señal de malestar reaccionan de manera “programada” para resolverla y siguen según esos programas hasta que consiguen resolver la situación, sin importar las consecuencias futuras (obviamente, en esos “programas” existe información sobre el pasado, aunque no consciente). El Ser Humano puede reaccionar de esa misma manera “instintiva” o, digamos, “emocional”, pero también puede “analizar”, “valorar” las implicaciones a corto, medio y largo plazo y “decidir” para “actuar” pasando, a continuación, a valorar los resultados y utilizarlos conscientemente para próximas decisiones. Todo esto que, hasta aquí hemos expuesto, tiene más importancia de la que parece a la hora de trabajar conscientemente sobre nuestro bienestar. Hoy en día las personas somos cada vez más conscientes de nuestros “malestares” y de que podemos hacer algo para aliviarlos. La corriente del “desarrollo o crecimiento personal” ha tomado una fuerza importante y, en este mundo desarrollado, quien más o quien menos se preocupa de “hacer algo” para conseguir su bienestar. Han proliferado, así, infinidad de “terapias” que con mínima o nula base científica y “explicaciones fantásticas” pueden proporcionar alivio a corto plazo (aunque en ocasiones pueden generar graves problemas), y dar la sensación de que “se está haciendo algo” cuando en realidad poco o nada se está avanzando, generando muchas veces, eso sí, un modo de “adicción”, ya que se repite una y otra vez para volver a conseguir aquél alivio transitorio que nos proporcionó la actividad. Frente a estas “terapias” la psicología trabaja en el análisis científico de los problemas y en su resolución, generando cambios REALES a largo plazo. Una psicoterapia, mediante un proceso estructurado y utilizando técnicas científicamente contrastadas, irá generando cambios en la persona, muchas veces menos espectaculares en el día a día pero, sin duda, muchísimo más eficaces a largo plazo. La pregunta clave es… ¿qué modelo queremos seguir?, ¿el “animal/emocional” o el “humano/racional”? ¿El ”alivio” inmediato y sencillo sin avance significativo o el trabajo serio que lleva a una solución real? La respuesta, como siempre, estará en su justo medio pero eso también lo saben los psicólogos y lo trabajan adecuadamente.   ©  J. Diego Carro AB Minerva Psicólogo
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BIENESTAR ...

J. Diego Carro

Mucho se habla del “bienestar” y al final, como todos estos conceptos intangibles, es difícil llegar a concretar exactamente qué significa para nosotros cuando nos preguntan sobre ello. Desde luego parece obvio que una primera fase para “estar bien” es eliminar o, mejor, aprender a afrontar satisfactoriamente aquellas cosas que nos generan malestar. En esta línea está claro que podríamos diferenciar al menos, tres áreas: La física o fisiológica, la psicológica y la social. El objetivo principal sería estar bien con nuestro cuerpo, estar bien con nosotros mismos y estar bien con nuestro entorno; todo ello, de la manera más estable y permanente posible. ¿Cómo conseguimos esto? Aunque hay muchas ramas de la ciencia involucradas en la respuesta nos centraremos aquí, principalmente, en lo que puede aportar la psicología. En cuanto a la fisiología, a nuestro cuerpo la psicología lo aborda desde la perspectiva de la íntima unión que existe entre cuerpo y mente como soporte imprescindible del primero sobre la segunda. Cualquier cosa que afecte a uno tendrá repercusiones sobre la otra y viceversa. Más allá de las creencias y corrientes espiritualistas, el cuerpo no deja de ser una máquina muy compleja en las que cada cosa que sucede tiene un “porqué” y debería tener una explicación.  Hay ya muchísimo conocimiento científico al respecto aunque otras cosas aún se estén investigando. La psicología abordará de manera científica y contrastada el porqué de nuestras conductas y sus bases, la relación causa-efecto. Simplificando mucho podría decirse que se estudia cómo percibimos la información de nuestro entorno, cómo seleccionamos aquello a lo que vamos a dedicar nuestra atención, cómo lo interpretamos, cómo nos afecta esa interpretación, cómo incide en nuestro estado de ánimo y cómo reaccionaremos ante esas interpretaciones estudiando, finalmente, cómo actuamos y por tanto, su por qué. Es importante saber que en nuestra evolución se ha ido pasando de los sistemas nerviosos más simples y “automáticos”, al más complejo que es el cerebro humano. Los sistemas nerviosos de los animales están diseñados para la supervivencia y la reproducción, y hasta donde hoy sabemos, más allá del “instinto” y del puro condicionamiento automático o entrenamiento, son incapaces de “pensar”, es decir, de analizar lo qué pasó o de evaluar conscientemente las consecuencias futuras de sus actos. Simplemente viven el “ahora” y reaccionan ante los estímulos. El cerebro humano, por el contrario, además de este sistema primario basado en las emociones, tiene la capacidad de “ir más allá”, es decir, puede analizar conscientemente el pasado y valorar las consecuencias de sus actos en el futuro y ahí radica tanto su bendición como su maldición, su fortaleza y su debilidad: El origen de muchos de “los malestares”. Los animales ante cualquier señal de malestar reaccionan de manera “programada” para resolverla y siguen según esos programas hasta que consiguen resolver la situación, sin importar las consecuencias futuras (obviamente, en esos “programas” existe información sobre el pasado, aunque no consciente). El Ser Humano puede reaccionar de esa misma manera “instintiva” o, digamos, “emocional”, pero también puede “analizar”, “valorar” las implicaciones a corto, medio y largo plazo y “decidir” para “actuar” pasando, a continuación, a valorar los resultados y utilizarlos conscientemente para próximas decisiones. Todo esto que, hasta aquí hemos expuesto, tiene más importancia de la que parece a la hora de trabajar conscientemente sobre nuestro bienestar. Hoy en día las personas somos cada vez más conscientes de nuestros “malestares” y de que podemos hacer algo para aliviarlos. La corriente del “desarrollo o crecimiento personal” ha tomado una fuerza importante y, en este mundo desarrollado, quien más o quien menos se preocupa de “hacer algo” para conseguir su bienestar. Han proliferado, así, infinidad de “terapias” que con mínima o nula base científica y “explicaciones fantásticas” pueden proporcionar alivio a corto plazo (aunque en ocasiones pueden generar graves problemas), y dar la sensación de que “se está haciendo algo” cuando en realidad poco o nada se está avanzando, generando muchas veces, eso sí, un modo de “adicción”, ya que se repite una y otra vez para volver a conseguir aquél alivio transitorio que nos proporcionó la actividad. Frente a estas “terapias” la psicología trabaja en el análisis científico de los problemas y en su resolución, generando cambios REALES a largo plazo. Una psicoterapia, mediante un proceso estructurado y utilizando técnicas científicamente contrastadas, irá generando cambios en la persona, muchas veces menos espectaculares en el día a día pero, sin duda, muchísimo más eficaces a largo plazo. La pregunta clave es… ¿qué modelo queremos seguir?, ¿el “animal/emocional” o el “humano/racional”? ¿El ”alivio” inmediato y sencillo sin avance significativo o el trabajo serio que lleva a una solución real? La respuesta, como siempre, estará en su justo medio pero eso también lo saben los psicólogos y lo trabajan adecuadamente.   ©  J. Diego Carro AB Minerva Psicólogo
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