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NO TENGO TIEMPO
J.Diego Carro González
- Oye, por favor, podrías acompañarme a…. - ¡Ufff! Me encantaría la verdad, pero… es que… ¡no tengo tiempo! - ¡Vale, vale! Gracias, a ver si busco otro momento… ¿Alguna vez has participado en una conversación de este tipo, desde uno u otro lado (o desde ambos)? El esquema siempre es el mismo: 1. A: Petición 2. B: “No tengo tiempo” 3. C: Aceptación “No   tengo   tiempo”   es   una   de   las   mentiras   más   frecuentes   de   la   humanidad,   sobre   todo   si   hablamos   de   ciudades   en   las   que   todos   andamos   “con   mil   cosas que   hacer”,   de   manera   que   al   final   “no   nos   da   la   vida”.   Sin   embargo   lo   cierto   es   que   SI   TENEMOS   TIEMPO   (afortunadamente),   exactamente   24   horas cada día. Otra cosa es lo que hacemos con/durante ese tiempo. Es   obvio   que   utilizamos   nuestro   tiempo   para   “hacer   cosas”,   o   sea,   para   actividades;   actividades   que   pueden   ser   muy   variadas,   desde   dormir   o   comer   hasta trabajar, estudiar, tomar copas con los amigos, jugar al tenis, hacer el amor… (Si es que “nos da tiempo”, claro) incluso… ¡para ver la televisión! No cabe la menor duda de que SI tenemos tiempo, pero… ¿somos los amos de nuestro tiempo? La respuesta también es “SI”, aunquecon frecuencia lo hipotecamos y lo que es peor, de manera absolutamente inconsciente. Por   diversas   razones,   en   las   que   no   entraremos   en   este   artículo,   nos   vamos   comprometiendo   a   más   y   más   cosas   en   todos   los   ámbitos   de   nuestra   vida:   Con nuestra   pareja,   con   nuestros   hijos,   en   el   trabajo,   con   los   amigos,   con   ese   vecino   con   el   que   me   cruzo   por   la   escalera…   Y   al   final,   me   encuentro   que efectivamente,   hay   muchas   más   actividades   “comprometidas”   que   tiempo   de   que   dispongo   para   realizarlas.   Es   entonces   cuando   en   un   tremendo   rasgo   de “valentía” decimos “disculpa, me encantaría pero… no tengo tiempo” ¿Por qué digo entonces que es una mentira? Pues… ¡porque lo es!, porque sigo teniendo 24 horas al día, lo que sucede es que probablemente ya tengo “comprometidas más de 50”. Se   trata   entonces   de   una   cuestión   de   prioridades.   ¿Qué   hago   y   qué   dejo   de   hacer?   Obviamente,   si   nos   atenemos   a   lo   que   sería   razonable,   me   decantaré   por lo   más   importante   o   por   lo   más   urgente   (no   entraremos   tampoco   aquí   en   ver   qué   es   cada   cosa   porque   ya   lo   hemos   hecho   en   otra   parte)   es   decir,   por   lo   más “prioritario” dejando sin atender aquello que lo es menos. Resumiendo:   cuando   decimos   a   alguien   “no   tengo   tiempo”   lo   que   realmente   le   estamos   diciendo   es   “tengo   cosas   más   importantes   que   hacer   que   dedicarte a ti mi tiempo”. ¿Es así? (sí, sé que te cuesta admitirlo pero… ¿es o no es?) Entramos   aquí   en   “lo   políticamente   correcto”.   Si   le   digo   a   alguien   que   “no   tengo   tiempo”   en   general   no   sucederá   nada   serio   ya   que   todos   estamos acostumbrados pero… ¿qué sucedería si dijésemos la verdad? Seguro que nos es mucho más sencillo decir lo primero que asumir la responsabilidad de lo segundo ¿o no? En cuanto a nuestro interlocutor… ¿Dónde quedan “mi amistad”, “mi compromiso”, “nuestra relación”, “su autoestima”…? Sucede   así,   una   vez   más,   que   dado   que   somos   “mentes   frágiles”   incapaces   en   muchas   ocasiones   de   afrontar   la   realidad   tal   cual   es,   una   “mentira   piadosa” resulta ser un buen “analgésico”, ¿verdad? En   fin,   Vds.   sabrán,   pero   yo   prefiero   que   me   digan   la   verdad,   quizás   porque   cuando   me   dicen   “no   tengo   tiempo”,   ya   sé   de   verdad   lo   que   me   están diciendo. P.D.: Este artículo sale a la luz coincidiendo con el “Día de la mujer” en el que se habla de salarios, de posiciones en las organizaciones, de derechos… Aprovechando   la   ocasión   queremos   llamar   desde   aquí   a   una   seria   reflexión   sobre   los   “debes…”   y   “tienes   que…”   que,   lamentablemente,   aún   se   vienen arrastrando   y   que   hacen   que   hoy   mismo   muchísimas   mujeres,   además   de   todo   lo   que   se   reivindica   habitualmente,   sean   “mucho   menos   dueñas   de   su tiempo” ©  J. Diego Carro Psicoingeniero y Psicagogo AB Minerva Psicólogo
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- Oye, por favor, podrías acompañarme a…. - ¡Ufff! Me encantaría la verdad, pero… es que… ¡no tengo tiempo! - ¡Vale, vale! Gracias, a ver si busco otro momento… ¿Alguna vez has participado en una conversación de este tipo, desde uno u otro lado (o desde ambos)? El esquema siempre es el mismo: 1. A: Petición 2. B: “No tengo tiempo” 3. C: Aceptación “No tengo tiempo” es una de las mentiras más frecuentes de la humanidad, sobre todo si hablamos de ciudades en las que todos andamos “con mil cosas que hacer”, de manera que al final “no nos da la vida”. Sin embargo lo cierto es que SI TENEMOS TIEMPO (afortunadamente), exactamente 24 horas cada día. Otra cosa es lo que hacemos con/durante ese tiempo. Es obvio que utilizamos nuestro tiempo para “hacer cosas”, o sea, para actividades; actividades que pueden ser muy variadas, desde dormir o comer hasta trabajar, estudiar, tomar copas con los amigos, jugar al tenis, hacer el amor… (Si es que “nos da tiempo”, claro) incluso… ¡para ver la televisión! No cabe la menor duda de que SI tenemos tiempo, pero… ¿somos los amos de nuestro tiempo? La respuesta también es “SI”, aunquecon frecuencia lo hipotecamos y lo que es peor, de manera absolutamente inconsciente. Por diversas razones, en las que no entraremos en este artículo, nos vamos comprometiendo a más y más cosas en todos los ámbitos de nuestra vida: Con nuestra pareja, con nuestros hijos, en el trabajo, con los amigos, con ese vecino con el que me cruzo por la escalera… Y al final, me encuentro que efectivamente, hay muchas más actividades “comprometidas” que tiempo de que dispongo para realizarlas. Es entonces cuando en un tremendo rasgo de “valentía” decimos “disculpa, me encantaría pero… no tengo tiempo” ¿Por qué digo entonces que es una mentira? Pues… ¡porque lo es!, porque sigo teniendo 24 horas al día, lo que sucede es que probablemente ya tengo “comprometidas más de 50”. Se trata entonces de una cuestión de prioridades. ¿Qué hago y qué dejo de hacer? Obviamente, si nos atenemos a lo que sería razonable, me decantaré por lo más importante o por lo más urgente (no entraremos tampoco aquí en ver qué es cada cosa porque ya lo hemos hecho en otra parte) es decir, por lo más “prioritario” dejando sin atender aquello que lo es menos. Resumiendo: cuando decimos a alguien “no tengo tiempo” lo que realmente le estamos diciendo es “tengo cosas más importantes que hacer que dedicarte a ti mi tiempo”. ¿Es así? (sí, sé que te cuesta admitirlo pero… ¿es o no es?) Entramos aquí en “lo políticamente correcto”. Si le digo a alguien que “no tengo tiempo” en general no sucederá nada serio ya que todos estamos acostumbrados pero… ¿qué sucedería si dijésemos la verdad? Seguro que nos es mucho más sencillo decir lo primero que asumir la responsabilidad de lo segundo ¿o no? En cuanto a nuestro interlocutor… ¿Dónde quedan “mi amistad”, “mi compromiso”, “nuestra relación”, “su autoestima”…? Sucede así, una vez más, que dado que somos “mentes frágiles” incapaces en muchas ocasiones de afrontar la realidad tal cual es, una “mentira piadosa” resulta ser un buen “analgésico”, ¿verdad? En fin, Vds. sabrán, pero yo prefiero que me digan la verdad, quizás porque cuando me dicen “no tengo tiempo”, ya sé de verdad lo que me están diciendo. P.D.: Este artículo sale a la luz coincidiendo con el “Día de la mujer” en el que se habla de salarios, de posiciones en las organizaciones, de derechos… Aprovechando la ocasión queremos llamar desde aquí a una seria reflexión sobre los “debes…” y “tienes que…” que, lamentablemente, aún se vienen arrastrando y que hacen que hoy mismo muchísimas mujeres, además de todo lo que se reivindica habitualmente, sean “mucho menos dueñas de su tiempo” ©  J. Diego Carro Psicoingeniero y Psicagogo AB Minerva Psicólogo
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