Regalo de Reyes

J. Diego Carro

Hoy es el “Día de Reyes” podría decirse que el “Día del Regalo” por antonomasia. Hoy “toca” regalar y recibir…. Y todo ello tiene sus “riesgos”. Más allá del marketing consumista que se encuentra detrás de toda la “Campaña” emprendida en torno a estos días en los que muchísimas empresas y, sobre todo, pequeños comerciantes “salvan la temporada”… Más allá de la pulsión que significa ese “hay que regalar” en este día concreto y no en ese que es el que a mí me gusta: el día de “San Porque sí” (es decir, aquí y ahora, en este momento, pienso en ti y me apetece regalarte algo, porque sí) nos centraremos en las amenazas a las que se enfrenta “el regalante” y “el regalado”. “El Regalante” se da cuenta de varias cosas pero quizás la más importante es de lo poco que conoce realmente a la persona “con la que ha de cumplir”. La frase “y ahora… ¿Qué le puedo regalar yo?” es probablemente de las más frecuentes en estas fechas. La mejor definición de regalo que he leído es aquella de que un buen regalo es aquello que te encantaría tener pero que nunca te comprarías”. ¿Qué es eso que le encantaría tener a esta persona que, aun estando tremendamente cerca muchas veces, conozco tan poco? Claro que también esta esa otra persona a la que es casi imposible regalar algo porque en cuanto algo le encanta… ¡Se lo compra de inmediato! Y… ¿Por qué regalo? ¿Por “obligación”? ¿Por deseabilidad social? Porque… ¿Qué van a pensar de mi si no regalo nada? ¿Porque simplemente me sumerjo en la inercia social sin pensar mucho más?… Y, ahora… ¿Le gustará? ¿Y si no le gusta? ¿Cuánto “me tengo” que gastar? ¿Y si le parece poco? ¿Qué van a pensar los demás de mí cuando vean lo que he regalado?... Y así, el regalar, que debería ser un placer, pasa a ser casi, casi, un martirio y, desde luego, a pesar en el platillo contrario en la balanza del bienestar. ¿Y “El Regalado”? Desde luego hay una ilusión especial, el sentirse objeto del regalo es algo que nos encanta a casi todos. Expectación… ilusión al abrir los paquetes… (si es que el regalo no ha sido pactado antes o, incluso comprado en compañía lo cual, para mí particularmente, es un tremendo placer) y… ¡reacción a la vista del regalo! desde el ¡qué maravilla! ¡jamás lo hubiese pensado! ¡me encanta! hasta el …”Y esto….” ¡seguro que a él/ella le encanta pero a mí….! “y encima tengo que decir que me gusta y dar las gracias…”¿qué hago yo con esto?... Luego está el hecho de que “el Regalante” normalmente se olvida de que regalar significa ceder absolutamente la propiedad, con todas sus consecuencias, es decir, no “tengo que” hacer nada con el regalo ya que pasa a ser mío, puedo re-regalarlo, quemarlo, tirarlo al río o, realmente, si de verdad me apetece… ¡disfrutarlo! Por su parte “El Regalado” si no le gusta el presente, presa del “necesario buenismo” cualquiera que sea el tipo de éste, pondrá cara de placer y, en lugar de decir lo que siente, lo cual quizás abriese una ventana de esperanza en el futuro, manifestará “su inmensa satisfacción”.  Claro que… ¿Cómo compaginar la honestidad de decir lo que realmente nos parece el regalo con “la personalidad” de determinadas personas que, si no manifestamos lo esperado, lo único que harán será “ofenderse”? No sé si se nota en lo leído hasta aquí que estoy en contra del “regalo obligatorio” por mucho que salve a la economía. Creo que el regalo espontáneo, el regalo del día de San porque sí” tiene innegables ventajas. Para “el Regalante” da la oportunidad de estar atento a los gustos y deseos de la persona y, en un momento dado, al pensar en ella o al pasar por un sitio en el que está “aquello” disfrutar el inmenso placer de adquirirlo y dárselo, después, sin más. Para el “Regalado” la gran ventaja de saber que, por poco que le guste lo que le han regalado, la persona que se lo da ha estado pensando en él/ella y se lo da por eso, de corazón, no “porque toca” Y, desde luego, no dejemos de pensar que “los regalos” que mejor nos podrían hacer los Reyes y que nunca se piden son… Libertad, Respeto, Paz, Objetivos claros, Voluntad, Compromiso… (puedes escribir aquí “tu carta”) Está claro, pues, que, también para regalar y recibir regalos hace falta madurez o, el regalo, en uno u otro sentido, no será más que otra amenaza a nuestro bienestar. ¡Felices Reyes Magos! ©  J. Diego Carro Director Área Psicagogia AB Minerva Psicólogos
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J. Diego Carro

Hoy es el “Día de Reyes” podría decirse que el “Día del Regalo” por antonomasia. Hoy “toca” regalar y recibir…. Y todo ello tiene sus “riesgos”. Más allá del marketing consumista que se encuentra detrás de toda la “Campaña” emprendida en torno a estos días en los que muchísimas empresas y, sobre todo, pequeños comerciantes “salvan la temporada”… Más allá de la pulsión que significa ese “hay que regalar” en este día concreto y no en ese que es el que a mí me gusta: el  día de “San Porque sí” (es decir, aquí y ahora, en este momento, pienso en ti y me apetece regalarte algo, porque sí) nos centraremos en las amenazas a las que se enfrenta “el regalante” y “el regalado”. “El Regalante” se da cuenta de varias cosas pero quizás la más importante es de lo poco que conoce realmente a la persona “con la que ha de cumplir”. La frase “y ahora… ¿Qué le puedo regalar yo?” es probablemente de las más frecuentes en estas fechas. La mejor definición  de regalo que he  leído es aquella de  que un buen regalo es aquello que te encantaría tener pero que nunca te comprarías”. ¿Qué es eso que le encantaría tener a esta persona que, aun estando tremendamente cerca muchas veces, conozco tan poco? Claro que también esta esa otra persona a la que es casi imposible regalar algo porque en cuanto algo le encanta… ¡Se lo compra de inmediato! Y… ¿Por qué regalo? ¿Por “obligación”? ¿Por deseabilidad social? Porque… ¿Qué van a pensar de mi si no regalo nada? ¿Porque simplemente me sumerjo en la inercia social sin pensar mucho más?… Y, ahora… ¿Le gustará? ¿Y si no le gusta? ¿Cuánto “me tengo” que gastar? ¿Y si le parece poco? ¿Qué van a pensar los demás de mí cuando vean lo que he regalado?... Y así, el regalar, que debería ser un placer, pasa a ser casi, casi, un martirio y, desde luego, a pesar en el platillo contrario en la balanza del bienestar. ¿Y “El Regalado”? Desde luego hay una ilusión especial, el sentirse objeto del regalo es algo que nos encanta a casi todos. Expectación… ilusión al abrir los paquetes… (si es que el regalo no ha sido pactado antes o, incluso comprado en compañía lo cual, para mí particularmente, es un tremendo placer) y… ¡reacción a la vista del regalo! desde el ¡qué maravilla! ¡jamás lo hubiese pensado! ¡me encanta! hasta el …”Y esto….” ¡seguro que a él/ella le encanta pero a mí….! “y encima tengo que decir que me gusta y dar las gracias…”¿qué hago yo con esto?... Luego está el hecho de que “el Regalante” normalmente se olvida de que regalar significa ceder absolutamente la propiedad, con todas sus consecuencias, es decir, no “tengo que” hacer nada con el regalo ya que pasa a ser mío, puedo re-regalarlo, quemarlo, tirarlo al río o, realmente, si de verdad me apetece… ¡disfrutarlo! Por su parte “El Regalado” si no le gusta el presente, presa del “necesario buenismo” cualquiera que sea el tipo de éste, pondrá cara de placer y, en lugar de decir lo que siente, lo cual quizás abriese una ventana de esperanza en el futuro, manifestará “su inmensa satisfacción”.  Claro que… ¿Cómo compaginar la honestidad de decir lo que realmente nos parece el regalo con “la personalidad” de determinadas personas que, si no manifestamos lo esperado, lo único que harán será “ofenderse”? No sé si se nota en lo leído hasta aquí que estoy en contra del “regalo obligatorio” por mucho que salve a la economía. Creo que el regalo espontáneo, el regalo del “día de San porque sí” tiene innegables ventajas. Para “el Regalante” da la oportunidad de estar atento a los gustos y deseos de la persona y, en un momento dado, al pensar en ella o al pasar por un sitio en el que está “aquello” disfrutar el inmenso placer de adquirirlo y dárselo, después, sin más. Para el “Regalado” la gran ventaja de saber que, por poco que le guste lo que le han regalado, la persona que se lo da ha estado pensando en él/ella y se lo da por eso, de corazón, no “porque toca” Y, desde luego, no dejemos de pensar que “los regalos” que mejor nos podrían hacer los Reyes y que nunca se piden son… Libertad, Respeto, Paz, Objetivos claros, Voluntad, Compromiso… (puedes escribir aquí “tu carta”) Está claro, pues, que, también para regalar y recibir regalos hace falta madurez o, el regalo, en uno u otro sentido, no será más que otra amenaza a nuestro bienestar. ¡Felices Reyes Magos! ©  J. Diego Carro Director Área Psicagogia AB Minerva Psicólogos
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