Que no debemos hacer ante sucesos vitales traumáticos.

Yolanda Rincón

Cada 11 de Marzo se ha convertido desde hace doce años en el recuerdo de uno de los sucesos más trágicos y dolorosos de la historia de España. Mas en nuestro día a día también ocurren otros sucesos dolorosos que debemos afrontar, aunque en muchas ocasiones, no sabemos cómo hacerlo. A veces, ni siquiera  sabemos cómo apoyar a un familiar, un amigo, etc. cuando se encuentra en una situación desgarradora. Cuando estamos cerca de alguna persona que acaba de vivir una situación dolorosa o traumática, se activa en nosotros la necesidad de hacer o decir algo que pueda ayudarla. Como en tantas otras cosas, no nos han enseñado a manejar este tipo de situaciones. Por eso, son muchas las ocasiones en las nos sentimos angustiados porque, a pesar de conectar con su dolor, el "no saber", hace que nos quedemos bloqueados y eso aumenta nuestro malestar. Cuando presenciamos el dolor de otro ser humano, se activan nuestras neuronas espejo, esa parte de nuestro cerebro que hace que empaticemos con el otro. Esa es la razón por la que el malestar también se instala en nosotros. Aunque no nos demos cuenta de ello, de manera innata y natural, lo que prima en ese momento es nuestro propio malestar por lo que, inconscientemente actuaremos de manera automática para aliviarlo. Al consolar al otro, nos sentimos más aliviados. ¡Ya estamos haciendo algo para ayudarle! ¡Le estamos dando ánimos! Sin  embargo, si previamente no le hemos preguntado qué necesita o qué podemos hacer para ayudarle,  ¿cómo podemos saber que estamos haciendo lo que verdaderamente necesita? El tema es extenso, pero estas 8 acciones son una muestra de aquello que NO debemos hacer. 1- NO hablar continuamente. Posiblemente lo que necesite la otra persona es desahogarse, llorar, dejar fluir su tristeza o su rabia o, simplemente que la escuchemos de manera sincera, atenta y serena, acompañándola en su relato sin interrumpirla. Para ello es necesario que asumamos una postura activa, manteniendo el contacto visual para que se sienta atendida y note que estamos totalmente presentes. 2- NO ponernos de ejemplo. No es el momento de contar la propia historia. Lo que el otro necesita es relatar lo que ha vivido todas las veces que sea necesario. Y ser escuchado. Sobre todo ser escuchado. 3- NO decir el típico "sé cómo te sientes" si no hemos pasado por un suceso similar. Es imposible que lo sepamos. Sí podemos acompañarle para que exprese sus emociones y sentimientos. 4- NO rechazar lo que la persona siente ni minimizar lo que ha pasado. Decirle "que se tranquilice", "que se calme", "que no es para tanto" o que "hay cosas peores"  no la va a ayudar. 5- NO ignorar o juzgar hechos o sentimientos. Para ella, su vivencia del suceso es real, su dolor, su pena, su miedo... todas sus emociones y sentimientos son reales y necesitan ser atendidos. 6- NO intentar hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida. No es el momento. 7- NO transmitir la propia angustia ni dramatizar. Lo último que necesita es que nos sumemos a su crisis. Es preferible acompañar, estar disponible y dispuestos a darle la ayuda que necesite en el momento en que la necesite. 8- NO ir con el síndrome de Superman o Superwoman e intentar resolver todo en el momento. Preguntar ¿Qué necesitas? ¿Qué puedo hacer ahora para ayudarte? Pueden ser las mejores opciones si queremos ser útiles. Por último, cuando no sepas qué decir, NO digas nada. Tu presencia, tu contacto, tu compañía, tu amor, tu aceptación, serán más beneficiosas que cualquier palabra que salga de ti. ©  Yolanda Rincón Psicóloga, Máster en Sexualidad y Terapia de Pareja AB Minerva Psicólogos
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Que no debemos hacer ante sucesos

vitales traumáticos.

Yolanda Rincón

Cada 11 de Marzo se ha convertido desde hace doce años en el recuerdo de uno de los sucesos más trágicos y dolorosos de la historia de España. Mas en nuestro día a día también ocurren otros sucesos dolorosos que debemos afrontar, aunque en muchas ocasiones, no sabemos cómo hacerlo. A veces, ni siquiera  sabemos cómo apoyar a un familiar, un amigo, etc. cuando se encuentra en una situación desgarradora. Cuando estamos cerca de alguna persona que acaba de vivir una situación dolorosa o traumática, se activa en nosotros la necesidad de hacer o decir algo que pueda ayudarla. Como en tantas otras cosas, no nos han enseñado a manejar este tipo de situaciones. Por eso, son muchas las ocasiones en las nos sentimos angustiados porque, a pesar de conectar con su dolor, el "no saber", hace que nos quedemos bloqueados y eso aumenta nuestro malestar. Cuando presenciamos el dolor de otro ser humano, se activan nuestras neuronas espejo, esa parte de nuestro cerebro que hace que empaticemos con el otro. Esa es la razón por la que el malestar también se instala en nosotros. Aunque no nos demos cuenta de ello, de manera innata y natural, lo que prima en ese momento es nuestro propio malestar por lo que, inconscientemente actuaremos de manera automática para aliviarlo. Al consolar al otro, nos sentimos más aliviados. ¡Ya estamos haciendo algo para ayudarle! ¡Le estamos dando ánimos! Sin  embargo, si previamente no le hemos preguntado qué necesita o qué podemos hacer para ayudarle,  ¿cómo podemos saber que estamos haciendo lo que verdaderamente necesita? El tema es extenso, pero estas 8 acciones son una muestra de aquello que NO debemos hacer. 1- NO hablar continuamente. Posiblemente lo que necesite la otra persona es desahogarse, llorar, dejar fluir su tristeza o su rabia o, simplemente que la escuchemos de manera sincera, atenta y serena, acompañándola en su relato sin interrumpirla. Para ello es necesario que asumamos una postura activa, manteniendo el contacto visual para que se sienta atendida y note que estamos totalmente presentes. 2- NO ponernos de ejemplo. No es el momento de contar la propia historia. Lo que el otro necesita es relatar lo que ha vivido todas las veces que sea necesario. Y ser escuchado. Sobre todo ser escuchado. 3- NO decir el típico "sé cómo te sientes" si no hemos pasado por un suceso similar. Es imposible que lo sepamos. Sí podemos acompañarle para que exprese sus emociones y sentimientos. 4- NO rechazar lo que la persona siente ni minimizar lo que ha pasado. Decirle "que se tranquilice", "que se calme", "que no es para tanto" o que "hay cosas peores"  no la va a ayudar. 5- NO ignorar o juzgar hechos o sentimientos. Para ella, su vivencia del suceso es real, su dolor, su pena, su miedo... todas sus emociones y sentimientos son reales y necesitan ser atendidos. 6- NO intentar hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida. No es el momento. 7- NO transmitir la propia angustia ni dramatizar.  Lo último que necesita es que nos sumemos a su crisis. Es preferible acompañar, estar disponible y dispuestos a darle la ayuda que necesite en el momento en que la necesite. 8- NO ir con el síndrome de Superman o Superwoman e intentar resolver todo en el momento. Preguntar ¿Qué necesitas? ¿Qué puedo hacer ahora para ayudarte? Pueden ser las mejores opciones si queremos ser útiles. Por último, cuando no sepas qué decir, NO digas nada. Tu presencia, tu contacto, tu compañía, tu amor, tu aceptación, serán más beneficiosas que cualquier palabra que salga de ti. ©  Yolanda Rincón Psicóloga, Máster en Sexualidad y Terapia de Pareja AB Minerva Psicólogos
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