Tú que también pensaste que la vida era eterna…

J. Diego Carro

Ayer fue el día “in memoriam”. Todos (unos más, y otros, menos) nos acordamos de los terribles sucesos que acaecieron hace 12 años… paro, ¡ya pasó! Dentro de pocos días ya casi nadie hablará del “11-M” hasta que vuelva a llegar al año que viene… ¡y toque “recordar”! Ayer fue un día que, aunque casi siempre olvidado, está en la mente de todo el mundo, un día señalado, ante todo, por la brutalidad del hecho, por la magnitud de la tragedia, por lo despiadado y la maldad sin sentido de los que lo perpetraron, asesinando a casi dos centenares de personas y destrozando la vida, indiscriminadamente, a cientos de víctimas inocentes… Unos murieron, otros… cambiaron su vida, para siempre, de manera drástica. Algunos, aunque vivos… ¡aún continúan en aquellos trenes! El 11 de Marzo de 2004 fue, sin duda, un día trágico, sin embargo todos los días son trágicos y resultan trágicos para algunas personas, para algunas familias; todos los días hay alguien que sale de su casa creyendo que tiene toda la vida por delante y, al final del día, esa vida terminó o cambió para siempre de manera más o menos brusca, traumática o brutal. Vivimos como si la vida fuera eterna, como si tuviésemos una cuenta vital con fondos ilimitados; vivimos, en general, inmersos en la rutina del día a día, en los “debes y deberías” en los “tengo que…” Vivimos aplazando esas cosas buenas tan simples y sencillas que nos gustarían “para después”. Vivimos inmersos en el trabajo y la rutina, en tantas cosas que nada tienen que ver con nuestra verdadera felicidad. 'casi doscientas personas salieron de casa, como tantos otros días, pensando que la vida era eterna' Y así, día tras día, vamos “pasando por la vida” llegando al final de los días más cansados, abúlicos, dejando para mañana, para cuando se pueda, para cuando tenga dinero, para cuando tenga tiempo… esas cosas que realmente nos gusta hacer, esas cosas que realmente nos hacen sentir vivos y disfrutar de la vida: desde un viaje (no hace falta que sea “a remotos lugares y culturas”) o un proyecto personal; hasta pequeñas cosas: compartir un pequeño detalle con las personas que queremos, una afición, o, simplemente disfrutar de un paisaje o incluso “hacer nada” conscientemente, disfrutando la sensación de permiso, control y libertad. Ayer fue un día señalado por la brutalidad, porque hubo casi doscientas personas que salieron de casa comotantos otros días pensando que la vida era eterna y unos salvajes, que difícilmente se les puede definir comomiembros de la raza humana, truncaron esa vida violentamente, pero, como adelantábamos al principio, también hay cerca de 2000 afectados directos que sin dejar esta vida vieron alteradas sus capacidades de seguir disfrutando y, aunque se les tiene menos en cuenta, muchos miles más de familiares, amigos, compañeros que “algún día iban a compartir algo con ellos” y que ya no lo podrán hacer. Miles y miles de personas que ya no podrán hacer aquello que querían haber hecho. Personas que son diferentes a aquellas personas que fueron, personas a las que se les truncaron muchísimas esperanzas, personas cuya vida cambió de manera drástica y brutal. Personas que recordarán a aquellas otras personas, reflexionarán sobre su propia vida unos días y, después, lenta e insensiblemente, volverán a la rutina. 'no dejemos para mañana esas cosas sencillas que podemos hacer hoy. Ayer fue un día de recuerdo por la magnitud, pero esas personas aparecen cada día. Cada día hay personas que mueren o tienen un accidente con graves secuelas que les cambiará la vida para siempre; cada día entran en los hospitales personas infartadas, personas con ictus cerebrales personas; personas que pensaron que la vida era eterna y que a partir de este momento o ya no están o tienen que afrontar la vida de manera muy diferente, abandonando para siempre muchas de aquellas cosas que pensaron “que ya harían algún día”. La moraleja de todo esto es, simplemente, que estas cosas deben servirnos para reflexionar, para analizar qué estamos haciendo con ese precioso regalo que es la vida y tomar consciencia de que tiene “fecha de caducidad” con el agravante de que no podemos saber cuándo es; que, además de reflexionar, nos tomemos muy en serio el tomar el control de nuestra vida y no dejemos para mañana esas cosas sencillas que podemos hacer hoy; que, sin ser unos inconscientes, hagamos el firme propósito de vivir cada minuto disfrutando como si fuera el último porque, a lo peor lo es. No esperes más a que suceda otro suceso traumático; no esperes a que le pase a alguien que está cerca de ti, no esperes que te pase a ti para reflexionar; simplemente ten en cuenta que esto que tenemos, esta vida, tal y como la tenemos ahora mismo, es un privilegio sin garantías de continuidad. No desperdicies tus momentos. No desperdicies tu tiempo. ¡VIVE intensamente! ©  J. Diego Carro Director Área Gestión del Tiempo, Gestión de Vida AB Minerva Psicólogos
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Tú que también pensaste que la vida era

eterna…

J. Diego Carro

Ayer fue el día “in memoriam”. Todos (unos más, y otros, menos) nos acordamos de los terribles sucesos que acaecieron hace 12 años… paro, ¡ya pasó! Dentro de pocos días ya casi nadie hablará del “11-M” hasta que vuelva a llegar al año que viene… ¡y toque “recordar”! Ayer fue un día que, aunque casi siempre olvidado, está en la mente de todo el mundo, un día señalado, ante todo, por la brutalidad del hecho, por la magnitud de la tragedia, por lo despiadado y la maldad sin sentido de los que lo perpetraron, asesinando a casi dos centenares de personas y destrozando la vida, indiscriminadamente, a cientos de víctimas inocentes… Unos murieron, otros… cambiaron su vida, para siempre, de manera drástica. Algunos, aunque vivos… ¡aún continúan en aquellos trenes! El 11 de Marzo de 2004 fue, sin duda, un día trágico, sin embargo todos los días son trágicos y resultan trágicos para algunas personas, para algunas familias; todos los días hay alguien que sale de su casa creyendo que tiene toda la vida por delante y, al final del día, esa vida terminó o cambió para siempre de manera más o menos brusca, traumática o brutal. Vivimos como si la vida fuera eterna, como si tuviésemos una cuenta vital con fondos ilimitados; vivimos, en general, inmersos en la rutina del día a día, en los “debes y deberías” en los “tengo que…” Vivimos aplazando esas cosas buenas tan simples y sencillas que nos gustarían “para después”. Vivimos inmersos en el trabajo y la rutina, en tantas cosas que nada tienen que ver con nuestra verdadera felicidad. 'casi doscientas personas salieron de casa, como tantos otros días, pensando que la vida era eterna' Y así, día tras día, vamos “pasando por la vida” llegando al final de los días más cansados, abúlicos, dejando para mañana, para cuando se pueda, para cuando tenga dinero, para cuando tenga tiempo… esas cosas que realmente nos gusta hacer, esas cosas que realmente nos hacen sentir vivos y disfrutar de la vida: desde un viaje (no hace falta que sea “a remotos lugares y culturas”) o un proyecto personal; hasta pequeñas cosas: compartir un pequeño detalle con las personas que queremos, una afición, o, simplemente disfrutar de un paisaje o incluso “hacer nada” conscientemente, disfrutando la sensación de permiso, control y libertad. Ayer fue un día señalado por la brutalidad, porque hubo casi doscientas personas que salieron de casa comotantos otros días pensando que la vida era eterna y unos salvajes, que difícilmente se les puede definir comomiembros de la raza humana, truncaron esa vida violentamente, pero, como adelantábamos al principio, también hay cerca de 2000 afectados directos que sin dejar esta vida vieron alteradas sus capacidades de seguir disfrutando y, aunque se les tiene menos en cuenta, muchos miles más de familiares, amigos, compañeros que “algún día iban a compartir algo con ellos” y que ya no lo podrán hacer. Miles y miles de personas que ya no podrán hacer aquello que querían haber hecho. Personas que son diferentes a aquellas personas que fueron, personas a las que se les truncaron muchísimas esperanzas, personas cuya vida cambió de manera drástica y brutal. Personas que recordarán a aquellas otras personas, reflexionarán sobre su propia vida unos días y, después, lenta e insensiblemente, volverán a la rutina. 'no dejemos para mañana esas cosas sencillas que podemos hacer hoy. Ayer fue un día de recuerdo por la magnitud, pero esas personas aparecen cada día. Cada día hay personas que mueren o tienen un accidente con graves secuelas que les cambiará la vida para siempre; cada día entran en los hospitales personas infartadas, personas con ictus cerebrales personas; personas que pensaron que la vida era eterna y que a partir de este momento o ya no están o tienen que afrontar la vida de manera muy diferente, abandonando para siempre muchas de aquellas cosas que pensaron “que ya harían algún día”. La moraleja de todo esto es, simplemente, que estas cosas deben servirnos para reflexionar, para analizar qué estamos haciendo con ese precioso regalo que es la vida y tomar consciencia de que tiene “fecha de caducidad” con el agravante de que no podemos saber cuándo es; que, además de reflexionar, nos tomemos muy en serio el tomar el control de nuestra vida y no dejemos para mañana esas cosas sencillas que podemos hacer hoy; que, sin ser unos inconscientes, hagamos el firme propósito de vivir cada minuto disfrutando como si fuera el último porque, a lo peor lo es. No esperes más a que suceda otro suceso traumático; no esperes a que le pase a alguien que está cerca de ti, no esperes que te pase a ti para reflexionar; simplemente ten en cuenta que esto que tenemos, esta vida, tal y como la tenemos ahora mismo, es un privilegio sin garantías de continuidad. No desperdicies tus momentos. No desperdicies tu tiempo. ¡VIVE intensamente! ©  J. Diego Carro Director Área Gestión del Tiempo, Gestión de Vida AB Minerva Psicólogos
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