Como afectan los estigmas y prejuicios a nuestras relaciones

J. Diego Carro

¿Cómo reaccionarías si alguien, al tenderte la mano te dijese que ha sido diagnosticado de lepra? ¿Mejor o peor que si el diagnóstico fuese de SIDA? ¿Y si tuviese unas feas verrugas en ellas? Ya sabemos que los madrileños son unos chulos, los andaluces, unos vagos, los catalanes… (Bueno, mejor ni lo tocamos). Los hombres tienden a ser maltratadores y “machistas” las feministas unas lesbianas, por ende feas; los políticos, ladrones y corruptos, los laboratorios farmacéuticos, unos ladrones al igual que los bancos (¡Ya se lo dije yo a mi padre, que no se daba cuenta de lo que era al “ser propietario del banco de Santander” pues al final, él, con sus pocas acciones junto con otros cuantos centenares de miles de pensionistas como él representa, sin duda, la mayoría del capital)… Seguro que, sin pensar demasiado, puedes añadir en dos minutos media docena de tópicos más: extranjeros (no todos, de la misma manera, claro. ¡vaya Vd. A comparar a un sueco o alemán con un “moro” o un “sudaca”!); Empresarios (menudos aprovechados!), homosexuales, maestros, funcionarios… Podría ser hasta gracioso si no fuera porque esos prejuicios condicionan nuestro comportamiento y nuestras relaciones y grupos sociales; enteramente son “catalogados” y estigmatizados, lo que, sin tener realmente ninguna razón, hace que sufran rechazos y problemas. (¿Os suena de algún caso de niño que se suicida? ¿De quiénes creéis que aprenden el comportamiento sus compañeros?) Discapacitados, enfermos de “enfermedades malditas”, gordos y gordas, “cuatro ojos”, “…” ¿Alguien se para a fijarse en la persona real que hay detrás de esos calificativos? ¿En sus sentimientos? ¿En su verdadera valía? ¿En sus necesidades? De repente viene una moda solidaria y ¡todos a ayudar! Al “que impone la moda” hasta que pasan unos días y… probablemente, se reconvertirá y se le reetiquetará en cuanto tres o cuatro miembros de su grupo hagan alguna fechoría y sea convenientemente aireada por los medios y juzgada en el tribunal popular de las charlas de bar. ¿Nos hemos sentido alguna vez “estigmatizados”, “catalogados” descalificados, en fin, por una determinada característica personal o por pertenecer a cierto grupo o clase social? ¿Cómo nos hemos sentido? Entonces… ¡¿A qué jugamos?! Hace muchos años se decía “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen a ti” pero me temo que eso, como tantas cosas, reza para decirlo, no para aplicarlo y, además, ¡está pasado de moda! ©  J. Diego Carro Experto en Comunicación. Director Área Psicagogia AB Minerva Psicólogos
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nuestras relaciones

J. Diego Carro

¿Cómo reaccionarías si alguien, al tenderte la mano te dijese que ha sido diagnosticado de lepra? ¿Mejor o peor que si el diagnóstico fuese de SIDA? ¿Y si tuviese unas feas verrugas en ellas? Ya sabemos que los madrileños son unos chulos, los andaluces, unos vagos, los catalanes… (Bueno, mejor ni lo tocamos). Los hombres tienden a ser maltratadores y “machistas” las feministas unas lesbianas, por ende feas; los políticos, ladrones y corruptos, los laboratorios farmacéuticos, unos ladrones al igual que los bancos (¡Ya se lo dije yo a mi padre, que no se daba cuenta de lo que era al “ser propietario del banco de Santander” pues al final, él, con sus pocas acciones junto con otros cuantos centenares de miles de pensionistas como él representa, sin duda, la mayoría del capital)… Seguro que, sin pensar demasiado, puedes añadir en dos minutos media docena de tópicos más: extranjeros (no todos, de la misma manera, claro. ¡vaya Vd. A comparar a un sueco o alemán con un “moro” o un “sudaca”!); Empresarios (menudos aprovechados!), homosexuales, maestros, funcionarios… Podría ser hasta gracioso si no fuera porque esos prejuicios condicionan nuestro comportamiento y nuestras relaciones y grupos sociales; enteramente son “catalogados” y estigmatizados, lo que, sin tener realmente ninguna razón, hace que sufran rechazos y problemas. (¿Os suena de algún caso de niño que se suicida? ¿De quiénes creéis que aprenden el comportamiento sus compañeros?) Discapacitados, enfermos de “enfermedades malditas”, gordos y gordas, “cuatro ojos”, “…” ¿Alguien se para a fijarse en la persona real que hay detrás de esos calificativos? ¿En sus sentimientos? ¿En su verdadera valía? ¿En sus necesidades? De repente viene una moda solidaria y ¡todos a ayudar! Al “que impone la moda” hasta que pasan unos días y… probablemente, se reconvertirá y se le reetiquetará en cuanto tres o cuatro miembros de su grupo hagan alguna fechoría y sea convenientemente aireada por los medios y juzgada en el tribunal popular de las charlas de bar. ¿Nos hemos sentido alguna vez “estigmatizados”, “catalogados” descalificados, en fin, por una determinada característica personal o por pertenecer a cierto grupo o clase social? ¿Cómo nos hemos sentido? Entonces… ¡¿A qué jugamos?! Hace muchos años se decía “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen a ti” pero me temo que eso, como tantas cosas, reza para decirlo, no para aplicarlo y, además, ¡está pasado de moda! ©  J. Diego Carro Experto en Comunicación. Director Área Psicagogia AB Minerva Psicólogos
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