Día de la Madre

J. Diego Carro

¿Qué hay detrás de éste tan habitual... "Feliz día de la madre"? La Figura de la madre es de una importancia trascendental en nuestro desarrollo, nuestra personalidad y, en definitiva, de nuestra felicidad. Como “cocinero antes que fraile” no dejo de sentir cierto resquemos ante cualquier “día de…” ya que, como experto en marketing veo y entiendo cómo, al final, no se trata nada más que de una bien urdida estrategia para fomentar la compra y el consumo porque… ¡”hay que…”! y es esa otra de las frasecitas que también me molesta. ¿Por qué hay que poner un día para mostrar nuestro amor a nuestra madre? En esta loca sociedad en que vivimos, andamos tan liadoscon mil y una “obligaciones” que ha de venir “el día de…” para que todos los medios nos recuerden que, al menos ese día ¡hay que acordarse de nuestra madre y quererla muchísimo! Pero todo lo anterior no deja de ser genérico y no es eso delo que quiero hablar aquí, sino plasmar precisamente la importancia de la madre, de nuestra madre, y cómo afecta de manera crucial a nuestras vidas. Lo primero, y como refuerzo de nuestro lema… ¡No nos han enseñado! Y así deberíamos comenzar por hacernos algunas preguntas: ¿Por qué una madre decide ser madre? (La misma pregunta valdría para el padre, pero ya trataremos eso en otro momento) ¿Sabe realmente en lo que se está metiendo? ¿Sabe la tremenda responsabilidad que adquiere? ¿Sabe que “ser madre es para toda la vida”? (salvo casos realmente excepcionales, que yo sepa, no hay “divorcio de hijos”) ¿Está preparada para la ardua tarea que deberá afrontar durante una parte importante del resto de su vida?... ¿Dónde enseñan todo lo anterior? ***   ***   *** La madre, nuestra madre, es crucial en nuestras vidas. Ya desde que somos un puñado de células en crecimiento exponencial sus emociones y sus conductas van a influir en nuestro futuro de manera trascendental… Una madre estresada, fumadora, adicta a cualquier tipo de sustancia, deprimida…. va a dejar una importante huella en nuestro desarrollo, igual que la dejará, pero afortunadamente en sentido contrario, una madre tranquila, relajada, feliz, consciente de lo que se alimenta, de su estado físico… Seguiremos creciendo en su interior y recibiendo toda esa “programación” hasta que la naturaleza nos diga que “es el momento de emprender la aventura” y, así, llega el parto… y no seremos los mismos si el parto es de un tipo o de otro, si la madre nos abraza nada más nacer o tarda más en hacerlo… Nuestros apegos (fundamentales para nuestras relaciones futuras) no serán los mismos si nuestra madre se decide por la alimentación natural, con un amoroso abrazo cada vez que nos toca y un cálido pezón en nuestros labios que si se decide a ponernos la fría tetina del biberón… Nacemos “en blanco” muy atentos a todo lo que hay a nuestro alrededor,  y como verdaderas “máquinas de aprender” atrapamos cualquier estímulo que se nos presente. Nuestro futuro no va a ser el mismo si nuestra madre nos trata con cariño que si nos riñe “porque le damos la lata”. No será igual si pasa más tiempo atendiéndonos que si nos deja en el corralito… No será igual si nos baña con cariño, en una plácida bañera de agua templada con música suave de fondo que si se dedica a “limpiarnos el culo porque no hay más remedio” quejándose de “este niño sucio y cagón”… Mi personalidad no será la misma si mi madre me habla a gritos y con “porque sí” que si lo hace de manera cálida y razonada. Mi vida no será igual si mi madre y mi padre tienen una verdadera relación de pareja que si “están a la greña” y, lo que es peor,  me utilizan como arma arrojadiza para sus conflictos. No seré la misma persona si mi madre me toma como “su posesión” que si es consciente de que su tarea es entrenarme para partir y vivir una vida sana e independiente…y obviamente, tampoco será igual mi vida si, ya adulto, mi madre entiende que debo seguir mi camino con independencia y libertad o continúa pensando que ha de dirigir nuestras vidas, incluida la de mi pareja. Y podría seguir hasta el infinito porque, aunque obviamente nuestra madre no es el único factor clave en nuestro desarrollo,  sí que es uno tremendamente importante;  pero pararé aquí para no hacer estas reflexiones interminables. Lo que contaré a continuación se que “levantará ampollas” en algunas personas pero es lo que sucedió y fue clave para mi felicidad y, aunque parezca mentira, para la de mis padres. Este es el primer año que “el día de la madre” tiene un significado especial para mí porque hace un par de meses decidió que ya era tiempo de partir… Hace unos años, después de mucho trabajo personal, quedé un día con mis padres, les dije que teníamos que hablar… Lo primero que les transmití fue mi inmenso amor y cariño por todo lo que me habían dado, dejándoles claro que sabía y reconocía que habían hecho siempre por mí lo mejor que habían sabido y podido. A continuación les informé de mis sentimientos acerca de todo lo que, con su mejor intención, había colaborado a muchos de mis malestares, a muchas de mis patologías mentales (esas patologías que tanto esfuerzo personal y trabajo de psicólogo me había costado poder erradicar). Ellos también me hablaron de “los disgustos que les había dado” y también los trabajamos. Fue un momento duro, de lágrimas, de trabajo intenso pero… ¿sabéis? Al final todo quedó claro y todos quedamos muy tranquilos… lloramos, nos fundimos en un abrazo inmenso y, a partir de entonces nuestra relación fue diferente, muy diferente para mejor. ¡Las heridas, involuntarias, por supuesto, se habían cerrado! Todo ello fue posible, obviamente,  porque junto a mi psicólogo pude aprender  “aquello que no me habían enseñado”, ya que de no haber sido así, a nadie se le escapa que aquello podría haber acabado, para los tres, mucho peor de lo que empezó. ***   ***   *** ¿A qué viene esto aquí, en esta página? ¿Cuál es la moraleja? A que los padres con su mejor intención y “porque no les han enseñado” con frecuencia contribuyen, y mucho, a destrozarnos la vida. A que en la mayoría de las ocasiones cuando nos traen un niño a consulta los que deberían asistir son los padres porque las conductas del niño no dejan de ser un reflejo de lo que están viendo y recibiendo. A que… si de verdad queremos ser seres conscientes… debemos preparemos conscientemente para ser verdaderos padres, para dar lo mejor de lo mejor a nuestros hijos. (Si nos preparamos tanto para “tener una profesión”, para sacar el carnet de conducir, ¡hasta para aprender diferentes juegos!... ¿porqué dedicamos tan poco tiempo a aprender a ser padres?) A que una madre es lo más maravilloso del mundo, ya que es la persona que nos dio la vida pero también puede suceder que (con su mejor intención y con la herencia que ha recibido de otros y otras a las que tampoco les han enseñado)  sea un pesadísimo lastre que nos prepara para la infelicidad. Madres… ¡muchas felicidades! Pero, por favor, sed conscientes de vuestra enorme responsabilidad  y… ¡Preparaos para hacer hijos realmente sanos y felices! ©  J. Diego Carro Hijo y, en su día, padre “inconsciente”… porque… ¡No nos enseñaron! Director Área Psicagogia AB Minerva Psicólogos
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Día de la Madre

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¿Qué hay detrás de éste tan habitual... "Feliz día de la madre"? La Figura de la madre es de una importancia trascendental en nuestro desarrollo, nuestra personalidad y, en definitiva, de nuestra felicidad. Como “cocinero antes que fraile” no dejo de sentir cierto resquemos ante cualquier “día de…” ya que, como experto en marketing veo y entiendo cómo, al final, no se trata nada más que de una bien urdida estrategia para fomentar la compra y el consumo porque… ¡”hay que…”! y es esa otra de las frasecitas que también me molesta. ¿Por qué hay que poner un día para mostrar nuestro amor a nuestra madre? En esta loca sociedad en que vivimos, andamos tan liadoscon mil y una “obligaciones” que ha de venir “el día de…” para que todos los medios nos recuerden que, al menos ese día ¡hay que acordarse de nuestra madre y quererla muchísimo! Pero todo lo anterior no deja de ser genérico y no es eso delo que quiero hablar aquí, sino plasmar precisamente la importancia de la madre, de nuestra madre, y cómo afecta de manera crucial a nuestras vidas. Lo primero, y como refuerzo de nuestro lema… ¡No nos han enseñado! Y así deberíamos comenzar por hacernos algunas preguntas: ¿Por qué una madre decide ser madre? (La misma pregunta valdría para el padre, pero ya trataremos eso en otro momento) ¿Sabe realmente en lo que se está metiendo? ¿Sabe la tremenda responsabilidad que adquiere? ¿Sabe que “ser madre es para toda la vida”? (salvo casos realmente excepcionales, que yo sepa, no hay “divorcio de hijos”) ¿Está preparada para la ardua tarea que deberá afrontar durante una parte importante del resto de su vida?... ¿Dónde enseñan todo lo anterior? ***   ***   *** La madre, nuestra madre, es crucial en nuestras vidas. Ya desde que somos un puñado de células en crecimiento exponencial sus emociones y sus conductas van a influir en nuestro futuro de manera trascendental… Una madre estresada, fumadora, adicta a cualquier tipo de sustancia, deprimida…. va a dejar una importante huella en nuestro desarrollo, igual que la dejará, pero afortunadamente en sentido contrario, una madre tranquila, relajada, feliz, consciente de lo que se alimenta, de su estado físico… Seguiremos creciendo en su interior y recibiendo toda esa “programación” hasta que la naturaleza nos diga que “es el momento de emprender la aventura” y, así, llega el parto… y no seremos los mismos si el parto es de un tipo o de otro, si la madre nos abraza nada más nacer o tarda más en hacerlo… Nuestros apegos (fundamentales para nuestras relaciones futuras) no serán los mismos si nuestra madre se decide por la alimentación natural, con un amoroso abrazo cada vez que nos toca y un cálido pezón en nuestros labios que si se decide a ponernos la fría tetina del biberón… Nacemos “en blanco” muy atentos a todo lo que hay a nuestro alrededor,  y como verdaderas “máquinas de aprender” atrapamos cualquier estímulo que se nos presente. Nuestro futuro no va a ser el mismo si nuestra madre nos trata con cariño que si nos riñe “porque le damos la lata”. No será igual si pasa más tiempo atendiéndonos que si nos deja en el corralito… No será igual si nos baña con cariño, en una plácida bañera de agua templada con música suave de fondo que si se dedica a “limpiarnos el culo porque no hay más remedio” quejándose de “este niño sucio y cagón”… Mi personalidad no será la misma si mi madre me habla a gritos y con “porque sí” que si lo hace de manera cálida y razonada. Mi vida no será igual si mi madre y mi padre tienen una verdadera relación de pareja que si “están a la greña” y, lo que es peor,  me utilizan como arma arrojadiza para sus conflictos. No seré la misma persona si mi madre me toma como “su posesión” que si es consciente de que su tarea es entrenarme para partir y vivir una vida sana e independiente…y obviamente, tampoco será igual mi vida si, ya adulto, mi madre entiende que debo seguir mi camino con independencia y libertad o continúa pensando que ha de dirigir nuestras vidas, incluida la de mi pareja. Y podría seguir hasta el infinito porque, aunque obviamente nuestra madre no es el único factor clave en nuestro desarrollo,  sí que es uno tremendamente importante;  pero pararé aquí para no hacer estas reflexiones interminables. Lo que contaré a continuación se que “levantará ampollas” en algunas personas pero es lo que sucedió y fue clave para mi felicidad y, aunque parezca mentira, para la de mis padres. Este es el primer año que “el día de la madre” tiene un significado especial para mí porque hace un par de meses decidió que ya era tiempo de partir… Hace unos años, después de mucho trabajo personal, quedé un día con mis padres, les dije que teníamos que hablar… Lo primero que les transmití fue mi inmenso amor y cariño por todo lo que me habían dado, dejándoles claro que sabía y reconocía que habían hecho siempre por mí lo mejor que habían sabido y podido. A continuación les informé de mis sentimientos acerca de todo lo que, con su mejor intención, había colaborado a muchos de mis malestares, a muchas de mis patologías mentales (esas patologías que tanto esfuerzo personal y trabajo de psicólogo me había costado poder erradicar). Ellos también me hablaron de “los disgustos que les había dado” y también los trabajamos. Fue un momento duro, de lágrimas, de trabajo intenso pero… ¿sabéis? Al final todo quedó claro y todos quedamos muy tranquilos… lloramos, nos fundimos en un abrazo inmenso y, a partir de entonces nuestra relación fue diferente, muy diferente para mejor. ¡Las heridas, involuntarias, por supuesto, se habían cerrado! Todo ello fue posible, obviamente,  porque junto a mi psicólogo pude aprender  “aquello que no me habían enseñado”, ya que de no haber sido así, a nadie se le escapa que aquello podría haber acabado, para los tres, mucho peor de lo que empezó. ***   ***   *** ¿A qué viene esto aquí, en esta página? ¿Cuál es la moraleja? A que los padres con su mejor intención y “porque no les han enseñado” con frecuencia contribuyen, y mucho, a destrozarnos la vida. A que en la mayoría de las ocasiones cuando nos traen un niño a consulta los que deberían asistir son los padres porque las conductas del niño no dejan de ser un reflejo de lo que están viendo y recibiendo. A que… si de verdad queremos ser seres conscientes… debemos preparemos conscientemente para ser verdaderos padres, para dar lo mejor de lo mejor a nuestros hijos. (Si nos preparamos tanto para “tener una profesión”, para sacar el carnet de conducir, ¡hasta para aprender diferentes juegos!... ¿porqué dedicamos tan poco tiempo a aprender a ser padres?) A que una madre es lo más maravilloso del mundo, ya que es la persona que nos dio la vida pero también puede suceder que (con su mejor intención y con la herencia que ha recibido de otros y otras a las que tampoco les han enseñado)  sea un pesadísimo lastre que nos prepara para la infelicidad. Madres… ¡muchas felicidades! Pero, por favor, sed conscientes de vuestra enorme responsabilidad  y… ¡Preparaos para hacer hijos realmente sanos y felices! ©  J. Diego Carro Hijo y, en su día, padre “inconsciente”… porque… ¡No nos enseñaron! Director Área Psicagogia AB Minerva Psicólogos
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