Despedirse de un amor

Yolanda Rincón

Despedirse de "un amor" no es despedirse "del amor" aunque a veces nos parezca que tiene el mismo significado. Y es que decir adiós a "un amor" es como decir adiós a una parte de nosotros mismos... Cuando un amor "se nos va", cuando un amor "se nos gasta", sentimos una terrible sensación de añoranza y vacío. Es como si el mundo se desmoronase bajo nuestros pies. Nuestra vida cambia por completo y sentimos que, para nosotros, ya nada volverá a ser igual. Aparece ante nosotros un tiempo que no sabemos en qué utilizar; buscamos otras personas con las que rellenarlo, intentamos retomar actividades que teníamos casi olvidadas y que ya no nos satisfacen como antes... Las calles tienen otro color, los amigos se nos hacen extraños... Si además hemos sufrido un desengaño, una ruptura dolorosa, si es el otro quien "nos ha dejado", quien ha decidido finalizar la relación, el proceso se hace tan doloroso que deseamos no volver a pasar nunca más por ello; entonces pensamos que "nunca más volveremos a enamorarnos", sentimos que el amor "nunca más tendrá cabida en nuestras vidas"... Nos sentimos arrastrados por un huracán de emociones, no podemos conciliar el sueño y nuestro corazón se desvanece tras "nuestro amor perdido". Volvemos al pasado una y otra vez buscando qué ha pasado, qué ha fallado, que hicimos mal, cuándo nos alejamos, que podríamos haber hecho de otro modo y... ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Dolor, miedo, culpa, rabia, frustración, angustia... nos atacan casi por igual. En unos casos, acuden a nuestra mente todos los momentos felices que hemos compartido y entonces "sabemos" que  nunca más en nuestra vida volveremos a sentir así. En otros, nos sentimos tan dolidos y enfadados que sólo podemos recordar los momentos de desencuentro. Cualquiera que sea la situación, lo cierto es que estamos en pleno duelo por "ese amor" que se acaba. Pero.. ¿Se acabó el amor? Nos juramos que nunca más volveremos a enamorarnos, nunca más volveremos a entregarnos... ¡El amor se acabó para nosotros! ¿Seguro? Pensemos un poco... Dejemos a un lado el amor o, mejor dicho, la necesidad amorosa; esa "necesidad básica del ser humano" que alimenta nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestro corazón y en la que también interviene nuestro cerebro. Pensemos ahora en otra necesidad también básica que nos proporciona placer a diferentes niveles. La necesidad de alimentarnos. Pensemos en esa comida que tanto nos gusta. Esa comida que comemos con frecuencia, que disfrutamos... pero que un día nos produce pesadez y dolor de estómago. Finalmente vomitamos y pensamos ¡Vaya, hoy me sentó mal! Como nos gusta mucho, pasado un tiempo repetimos y... vuelve a suceder lo mismo. Más dolor de estómago, vómitos, diarrea, malestar general... y así unas cuantas veces más hasta que nos damos cuenta de que por algún motivo, "esa comida" no nos sienta bien. ¿Qué hacemos entonces? Lo más probable será que dejemos de comerla, no sólo por un tiempo sino que, dado que no representa la única forma de alimentarnos, la "saquemos de nuestra dieta" y pasemos a saborear y disfrutar de otros platos, otros manjares. ¿Qué haríamos si esto nos sucediera ahora con otro alimento? Lo más probable es que hiciésemos exactamente lo mismo. ¿Dejaríamos de alimentarnos por muchas veces que esto sucediese? ¡Por supuesto que no! ¡Buscaríamos nuevos alimentos que nos resulten satisfactorios! Entonces, ¿por qué cuando una relación resulta dolorosa no hacemos lo mismo? ¿Por qué nos quedamos enredados en relaciones dañinas, en relaciones que nos resultan tóxicas? ¿Por qué seguimos atrapados en ellas si nos causan dolor y sufrimiento? ¿Qué sucede cuando "un amor" se convierte en "una droga"? ¿Por qué cuando "un amor" sale de nuestra vida pensamos, sentimos, nos decimos "no volveré a enamorarme"? Quizás porque no nos han enseñado a despedirnos, a "dejar ir" al otro. No nos han enseñado a decir adiós a "un amor" para poder recibir con los brazos abiertos a "un amor nuevo". No nos han enseñado a festejar "el amor", a reconocer que "un final" no es ni más ni menos que "una nueva oportunidad" que la vida nos ofrece para sentir, disfrutar, vivir y saborear EL AMOR. ©  Yolanda Rincón Psicóloga, Máster en Sexualidad y Terapia de Pareja AB Minerva Psicólogos
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Despedirse de un amor

Yolanda Rincón

Despedirse de "un amor" no es despedirse "del amor" aunque a veces nos parezca que tiene el mismo significado. Y es que decir adiós a "un amor" es como decir adiós a una parte de nosotros mismos... Cuando un amor "se nos va", cuando un amor "se nos gasta", sentimos una terrible sensación de añoranza y vacío. Es como si el mundo se desmoronase bajo nuestros pies. Nuestra vida cambia por completo y sentimos que, para nosotros, ya nada volverá a ser igual. Aparece ante nosotros un tiempo que no sabemos en qué utilizar; buscamos otras personas con las que rellenarlo, intentamos retomar actividades que teníamos casi olvidadas y que ya no nos satisfacen como antes... Las calles tienen otro color, los amigos se nos hacen extraños... Si además hemos sufrido un desengaño, una ruptura dolorosa, si es el otro quien "nos ha dejado", quien ha decidido finalizar la relación, el proceso se hace tan doloroso que deseamos no volver a pasar nunca más por ello; entonces pensamos que "nunca más volveremos a enamorarnos", sentimos que el amor "nunca más tendrá cabida en nuestras vidas"... Nos sentimos arrastrados por un huracán de emociones, no podemos conciliar el sueño y nuestro corazón se desvanece tras "nuestro amor perdido". Volvemos al pasado una y otra vez buscando qué ha pasado, qué ha fallado, que hicimos mal, cuándo nos alejamos, que podríamos haber hecho de otro modo y... ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Dolor, miedo, culpa, rabia, frustración, angustia... nos atacan casi por igual. En unos casos, acuden a nuestra mente todos los momentos felices que hemos compartido y entonces "sabemos" que  nunca más en nuestra vida volveremos a sentir así. En otros, nos sentimos tan dolidos y enfadados que sólo podemos recordar los momentos de desencuentro. Cualquiera que sea la situación, lo cierto es que estamos en pleno duelo por "ese amor" que se acaba. Pero.. ¿Se acabó el amor? Nos juramos que nunca más volveremos a enamorarnos, nunca más volveremos a entregarnos... ¡El amor se acabó para nosotros! ¿Seguro? Pensemos un poco... Dejemos a un lado el amor o, mejor dicho, la necesidad amorosa; esa "necesidad básica del ser humano" que alimenta nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestro corazón y en la que también interviene nuestro cerebro. Pensemos ahora en otra necesidad también básica que nos proporciona placer a diferentes niveles. La necesidad de alimentarnos. Pensemos en esa comida que tanto nos gusta. Esa comida que comemos con frecuencia, que disfrutamos... pero que un día nos produce pesadez y dolor de estómago. Finalmente vomitamos y pensamos ¡Vaya, hoy me sentó mal! Como nos gusta mucho, pasado un tiempo repetimos y... vuelve a suceder lo mismo. Más dolor de estómago, vómitos, diarrea, malestar general... y así unas cuantas veces más hasta que nos damos cuenta de que por algún motivo, "esa comida" no nos sienta bien. ¿Qué hacemos entonces? Lo más probable será que dejemos de comerla, no sólo por un tiempo sino que, dado que no representa la única forma de alimentarnos, la "saquemos de nuestra dieta" y pasemos a saborear y disfrutar de otros platos, otros manjares. ¿Qué haríamos si esto nos sucediera ahora con otro alimento? Lo más probable es que hiciésemos exactamente lo mismo. ¿Dejaríamos de alimentarnos por muchas veces que esto sucediese? ¡Por supuesto que no! ¡Buscaríamos nuevos alimentos que nos resulten satisfactorios! Entonces, ¿por qué cuando una relación resulta dolorosa no hacemos lo mismo? ¿Por qué nos quedamos enredados en relaciones dañinas, en relaciones que nos resultan tóxicas? ¿Por qué seguimos atrapados en ellas si nos causan dolor y sufrimiento? ¿Qué sucede cuando "un amor" se convierte en "una droga"? ¿Por qué cuando "un amor" sale de nuestra vida pensamos, sentimos, nos decimos "no volveré a enamorarme"? Quizás porque no nos han enseñado a despedirnos, a "dejar ir" al otro. No nos han enseñado a decir adiós a "un amor" para poder recibir con los brazos abiertos a "un amor nuevo". No nos han enseñado a festejar "el amor", a reconocer que "un final" no es ni más ni menos que "una nueva oportunidad" que la vida nos ofrece para sentir, disfrutar, vivir y saborear EL AMOR. ©  Yolanda Rincón Psicóloga, Máster en Sexualidad y Terapia de Pareja AB Minerva Psicólogos
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