Carnavales. ¿Cuál es tu máscara?

J. Diego Carro

¡Carnavales! Días de alegría, de locuras, de disfraces, hasta de desenfreno… ¡Todo parece estar permitido!

Los más recios varones se convierten en seductoras damiselas, los amos, en esclavos; las personas más recatadas pasan a ser las más transgresoras… ¡Dr. Jeckill y Mr. Hyde! Pero, ¿qué sucede en realidad? En qué medida es en Carnavales cuando “nos ponemos la máscara” o, quizás, cuando por un breve periodo de tiempo, nos la quitamos. En nuestro día a día, casi sin darnos cuenta, nos ponemos y nos vamos quitando máscaras según los cinco roles vitales: estudios, trabajo, servicio comunitario, hogar y ocio. La de profesional responsable y cumplidor, la de amante perfecto,  la de “niña inocente”, la de persona amable, respetuosa y servicial, la de “hombre lobo”,  ¡hasta la de “malote”! Se trata de mantener a toda costa “nuestra imagen”; esa imagen que nos han vendido y hemos comprado, muchas veces, sin pensar. Desde el Análisis Transaccional diríamos que el niño libre se va pasando a niño adaptado y, en carnavales, al fin, ese niño libre, escondido, puede quitarse las máscaras, las cadenas y salir de su jaula, por unos días, y tiene permiso para “ser” y respirar. En nuestra sociedad imperan los “debes y deberías” las apariencias, lo “políticamente correcto”. Vivimos mucho, quizás demasiado en función de “lo que se espera de nosotros”; reprimimos muchos de nuestros verdaderos deseos, no nos atrevemos a experimentar “por lo que puedan pensar de nosotros”. En definitiva seguimos el guión de nuestras vidas tal y como lo escribió el guionista (padres, educadores, familia, amigos…) y, en lugar de VIVIR nos pasamos la vida “actuando”. Y eso, lo notemos más o menos, ¡duele! Carnaval, diversión, libertad… hasta que llega el final. El miércoles de ceniza, el entierro de la sardina, los “disfraces” vuelven a los armarios hasta el próximo año las verdaderas máscaras recuperan su lugar. Toca seguir representando nuestros papeles Al fin y al cabo somos personas y persona para griegos y romanos significaba “máscara” la máscara que caracterizaba a un personaje dentro de una obra teatral…. Quizás merezca la pena reflexionar sobre qué obras representamos, cuándo, con quienes y porqué. ©  J. Diego Carro Director Área Psicagogia AB Minerva Psicólogos
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Carnavales. ¿Cuál es tu máscara?

J. Diego Carro

¡Carnavales! Días de alegría, de locuras, de disfraces,

hasta de desenfreno… ¡Todo parece estar permitido!

Los más recios varones se convierten en seductoras damiselas, los amos, en esclavos; las personas más recatadas pasan a ser las más transgresoras… ¡Dr. Jeckill y Mr. Hyde! Pero, ¿qué sucede en realidad? En qué medida es en Carnavales cuando “nos ponemos la máscara” o, quizás, cuando por un breve periodo de tiempo, nos la quitamos. En nuestro día a día, casi sin darnos cuenta, nos ponemos y nos vamos quitando máscaras según los  cinco roles vitales: estudios, trabajo, servicio comunitario, hogar y ocio. La de profesional responsable y cumplidor, la de amante perfecto,  la de “niña inocente”, la de persona amable, respetuosa y servicial, la de “hombre lobo”,  ¡hasta la de “malote”! Se trata de mantener a toda costa “nuestra imagen”; esa imagen que nos han vendido y hemos comprado, muchas veces, sin pensar. Desde el Análisis Transaccional diríamos que el niño libre se va pasando a niño adaptado y, en carnavales, al fin, ese niño libre, escondido, puede quitarse las máscaras, las cadenas y salir de su jaula, por unos días, y tiene permiso para “ser” y respirar. En nuestra sociedad imperan los “debes y deberías” las apariencias, lo “políticamente correcto”. Vivimos mucho, quizás demasiado en función de “lo que se espera de nosotros”; reprimimos muchos de nuestros verdaderos deseos, no nos atrevemos a experimentar “por lo que puedan pensar de nosotros”. En definitiva seguimos el guión de nuestras vidas tal y como lo escribió el guionista (padres, educadores, familia, amigos…) y, en lugar de VIVIR nos pasamos la vida “actuando”. Y eso, lo notemos más o menos, ¡duele! Carnaval, diversión, libertad… hasta que llega el final. El miércoles de ceniza, el entierro de la sardina, los “disfraces” vuelven a los armarios hasta el próximo año las verdaderas máscaras recuperan su lugar. Toca seguir representando nuestros papeles Al fin y al cabo somos personas y persona para griegos y romanos significaba “máscara” la máscara que caracterizaba a un personaje dentro de una obra teatral…. Quizás merezca la pena reflexionar sobre qué obras representamos, cuándo, con quienes y porqué. ©  J. Diego Carro Director Área Psicagogia AB Minerva Psicólogos
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