La barrera de “año nuevo”. Pistoletazo de salida… ¿para qué?

J. Diego Carro

Hemos pasado una hoja del calendario o, mejor aún, hemos cambiado de agenda o de almanaque…. ¿y? ¿En qué se diferencia realmente un 1 de Enero de un 27 de Marzo? No, no me estoy refiriendo a que sea o no “fiesta” sino… ¿qué hace diferente el paso de un día al otro? ¿Qué “magia” hay en cambiar de año? Ahora que las agendas son electrónicas es mucho más sencillo de ver ya que, realmente, nada cambia. El 1 de enero pasa a continuación del 31 de diciembre exactamente igual que el 4 después del 3… ¡No hay que pasar página o arrancar página! ¡No hay que cambiar de bloque o calendario! ¿Qué hay de especial para el médico que atiende una urgencia? ¿para la mujer que está pariendo? ¿para el bebé que duerme en su cuna? ¿para la tripulación de un vuelo que hace tu trayecto como otro día más? Ni siquiera, a nivel “cósmico” puede decirse que haya nada diferente más allá de los convencionalismos. Al menos, los equinoccios y solsticios sí que representan algo especial pero… ¿el paso del 31 de Diciembre al 1 de Enero?... Si hay algo “especial” y es tanto a nivel fiscal como psicológico. En eso si que parece como si el final del 31 de diciembre chocase contra un muro y todo cambiase. Si compras o vendes algo el 31 de diciembre, a nivel fiscal no es lo mismo que si lo haces el 1 de enero… ¡Milagro! Igualmente a nivel psicológico parece que esa es “la barrera de los cambios”. El 1 de enero es esa fecha mágica que todos esperamos para, al fin, cambiar o emprender algo nuevo: adelgazar, ir al gimnasio, aprender un idioma, dejar de fumar… ¡Propósitos y fracasos! Sí, porque es cierto que alguna persona el día 1 de enero emprende ese cambio y, a largo plazo, lo consigue pero… ¿en qué porcentaje?, ¿cuántos son los que llegan a la meta y cuantos se quedan en el camino? No entremos en estadísticas pero… ¿cuál es tu caso?,  ¿cuánto han durado habitualmente “tus buenos propósitos?, ¿cuántos han llegado, siquiera, a febrero? Muchas personas consiguen cambios importantes a lo largo de su vida pero… muy pocos de ellos han comenzado el 1 de enero. ¿por qué? ¡Precisamente por ser “una fecha tan simbólica”, tan especial! El día, el momento de comenzar un cambio es AHORA (y no porque sea, precisamente 1 de enero) justo cuando estamos convencidos de que ese cambio será bueno para nosotros y decidimos fehacientemente emprender el camino para conseguirlo; a partir de ahí, como buenos seres humanos que somos, que no dioses, nos equivocaremos, tropezaremos, fracasaremos, con toda probabilidad varias veces. Si quiero adelgazar, me saltaré la dieta, si quiero aprender un idioma, dejaré de estudiar unos días y… ¿Qué hacer? La única clave, que aprendemos desde niños, es, tras caernos, volver a levantarnos. ¿Cuándo? Pues eso,  justo después de caerse y, en su caso, dejar de llorar por el dolor. Eso es lo que hacemos de niños y, por eso, no encontramos por la calle personas andando a gatas. Caerse y levantarse, volverse a caer y volverse a levantar, sin pausa, sin pensar en “cual es el mejor momento”, sólo en levantarse y volver a intentarlo, hasta conseguirlo. Igualmente, cuando decido emprender un cambio, independientemente de la fecha, me comprometo a volver a ponerme en el camino cada vez que me aparte, me doy cuenta de que puedo fracasar y de que eso es parte de mi esencia humana, sé que me caeré pero me comprometo a levantarme en cuanto caiga. No importa la hora, no importa la fecha… ¡sólo el momento! ¿Qué sucede cuando paso un buen periodo de tiempo diciendo “el próximo año, el próximo 1 de enero conseguiré…." El 1 de enero, por supuesto, a las 00:01, totalmente convencido hago (o no hago) aquello que me he propuesto y el tiempo, inevitablemente, avanzará y casi inevitablemente… ¡Fracasaré! ¿Me daré cuenta de que es normal? ¿me volveré a poner en el camino? En la mayoría de los casos ¡NO!, no porque no es 1 de enero, no porque “ya no es ese momento tan simbólico”. ¡Todo queda en buenos propósitos y en sensación de fracaso! Y, así, año tras año y fracaso tan fracaso… ¿Qué hacer entonces? ¡Tantas cosas! Lo fundamental darnos cuenta de que no hay fechas “para ser felices” o felicitar, “para tener buenos deseos”,  “para la paz”,  “para acordarse de los seres queridos”.  ¡Para empezar a cambiar! Darnos cuenta de que el momento es, siempre, AHORA. No esperemos a las Navidades para desear felicidad. No esperemos al año nuevo para desear prosperidad y para los buenos propósitos. No abandonemos “porque ya no es la fecha”. Cada día puede ser Navidad para amar a los seres queridos. Cada día puede ser año nuevo para empezar a cambiar. Y así, hoy, día 1 de enero sólo puedo desearte… ¡Feliz día nuevo! ¡Toma el control! ©  J. Diego Carro Director Área Psicagogia AB Minerva Psicólogos
TUS DATOS ESTÁN  SEGUROS CON NOSOTROS. NUNCA SERÁN CEDIDOS A TERCEROS. info@minervapsicologos.com		     918 266 230						 669 746 930
918 266 230 669 746 930 Pide una cita

La barrera de “año nuevo”. Pistoletazo de

salida… ¿para qué?

J. Diego Carro

Hemos pasado una hoja del calendario o, mejor aún, hemos cambiado de agenda o de almanaque…. ¿y? ¿En qué se diferencia realmente un 1 de Enero de un 27 de Marzo? No, no me estoy refiriendo a que sea o no “fiesta” sino… ¿qué hace diferente el paso de un día al otro? ¿Qué “magia” hay en cambiar de año? Ahora que las agendas son electrónicas es mucho más sencillo de ver ya que, realmente, nada cambia. El 1 de enero pasa a continuación del 31 de diciembre exactamente igual que el 4 después del 3… ¡No hay que pasar página o arrancar página! ¡No hay que cambiar de bloque o calendario! ¿Qué hay de especial para el médico que atiende una urgencia? ¿para la mujer que está pariendo? ¿para el bebé que duerme en su cuna? ¿para la tripulación de un vuelo que hace tu trayecto como otro día más? Ni siquiera, a nivel “cósmico” puede decirse que haya nada diferente más allá de los convencionalismos. Al menos, los equinoccios y solsticios sí que representan algo especial pero… ¿el paso del 31 de Diciembre al 1 de Enero?... Si hay algo “especial” y es tanto a nivel fiscal como psicológico. En eso si que parece como si el final del 31 de diciembre chocase contra un muro y todo cambiase. Si compras o vendes algo el 31 de diciembre, a nivel fiscal no es lo mismo que si lo haces el 1 de enero… ¡Milagro! Igualmente a nivel psicológico parece que esa es “la barrera de los cambios”. El 1 de enero es esa fecha mágica que todos esperamos para, al fin, cambiar o emprender algo nuevo: adelgazar, ir al gimnasio, aprender un idioma, dejar de fumar… ¡Propósitos y fracasos! Sí, porque es cierto que alguna persona el día 1 de enero emprende ese cambio y, a largo plazo, lo consigue pero… ¿en qué porcentaje?, ¿cuántos son los que llegan a la meta y cuantos se quedan en el camino? No entremos en estadísticas pero… ¿cuál es tu caso?,  ¿cuánto han durado habitualmente “tus buenos propósitos?, ¿cuántos han llegado, siquiera, a febrero? Muchas personas consiguen cambios importantes a lo largo de su vida pero… muy pocos de ellos han comenzado el 1 de enero. ¿por qué? ¡Precisamente por ser “una fecha tan simbólica”, tan especial! El día, el momento de comenzar un cambio es AHORA (y no porque sea, precisamente 1 de enero) justo cuando estamos convencidos de que ese cambio será bueno para nosotros y decidimos fehacientemente emprender el camino para conseguirlo; a partir de ahí, como buenos seres humanos que somos, que no dioses, nos equivocaremos, tropezaremos, fracasaremos, con toda probabilidad varias veces. Si quiero adelgazar, me saltaré la dieta, si quiero aprender un idioma, dejaré de estudiar unos días y… ¿Qué hacer? La única clave, que aprendemos desde niños, es, tras caernos, volver a levantarnos. ¿Cuándo? Pues eso, justo después de caerse y, en su caso, dejar de llorar por el dolor. Eso es lo que hacemos de niños y, por eso, no encontramos por la calle personas andando a gatas. Caerse y levantarse, volverse a caer y volverse a levantar, sin pausa, sin pensar en “cual es el mejor momento”, sólo en levantarse y volver a intentarlo, hasta conseguirlo. Igualmente, cuando decido emprender un cambio, independientemente de la fecha, me comprometo a volver a ponerme en el camino cada vez que me aparte, me doy cuenta de que puedo fracasar y de que eso es parte de mi esencia humana, sé que me caeré pero me comprometo a levantarme en cuanto caiga. No importa la hora, no importa la fecha… ¡sólo el momento! ¿Qué sucede cuando paso un buen periodo de tiempo diciendo “el próximo año, el próximo 1 de enero conseguiré…." El 1 de enero, por supuesto, a las 00:01, totalmente convencido hago (o no hago) aquello que me he propuesto y el tiempo, inevitablemente, avanzará y casi inevitablemente… ¡Fracasaré! ¿Me daré cuenta de que es normal? ¿me volveré a poner en el camino? En la mayoría de los casos ¡NO!, no porque no es 1 de enero, no porque “ya no es ese momento tan simbólico”. ¡Todo queda en buenos propósitos y en sensación de fracaso! Y, así, año tras año y fracaso tan fracaso… ¿Qué hacer entonces? ¡Tantas cosas! Lo fundamental darnos cuenta de que no hay fechas “para ser felices” o felicitar, “para tener buenos deseos”,  “para la paz”,  “para acordarse de los seres queridos”.  ¡Para empezar a cambiar! Darnos cuenta de que el momento es, siempre, AHORA. No esperemos a las Navidades para desear felicidad. No esperemos al año nuevo para desear prosperidad y para los buenos propósitos. No abandonemos “porque ya no es la fecha”. Cada día puede ser Navidad para amar a los seres queridos. Cada día puede ser año nuevo para empezar a cambiar. Y así, hoy, día 1 de enero sólo puedo desearte… ¡Feliz día nuevo! ¡Toma el control! ©  J. Diego Carro Director Área Psicagogia AB Minerva Psicólogos
TUS DATOS ESTÁN  SEGUROS CON NOSOTROS. NUNCA SERÁN CEDIDOS A TERCEROS.