Afrontar el estrés

J. Diego Carro

El centinela dio la la alarma Los hombres salieron apresuradamente de sus chozas, con las lanzas y los cuchillos preparados; acudieron a los puestos que ya tenían previamente asignados prestos a la defensa. La tensión era máxima, la atención a cualquier signo amenazante, total. Las mujeres se acurrucaban en las chozas, abrazando y protegiendo a sus hijos presas de una gran inquietud. Silencio… Súbitamente   un   nuevo   grito   del   centinela   constató   que   se   trataba   de   una   falsa   alarma…   todos   respiraron   aliviados,   abandonaron   las   armas,   las   mujeres   salieron   de   las   chozas   y   todos volvieron a sus quehaceres habituales, aliviados La paz, la calma habitual volvía a reinar en el poblado…. ************************************************************************************************************************************* Estrés:   tensión:   preparación   del   organismo   para   afrontar,   con   todos   sus   recursos,   una   amenaza.   El   problema   es   que   la   amenaza   puede   ser   real   o   imaginaria.   Da   igual,   el   organismo   se prepara de la misma manera… En   épocas   remotas   el   estrés   era   un   mecanismo   de   supervivencia   justificado   por   las   amenazas   a   las   que   el   ser   humano   (realmente,   todos   los   animales)   debía   enfrentarse   y   salir   airoso para seguir viviendo… Esas amenazas eran esporádicas. La rutina diaria era dura pero no amenazante de manera permanente. Hoy las cosas han cambiado, hemos decidido vivir en un entorno hostil, con amenazas permanentes. Cualquier cosa puede “atacarnos” … El ruido ambiental no nos permite relajarnos… el olfato no es capaz ya de avisarnos de todas las posibles amenazas, las multitudes pueden esconder cualquier ataque… Pero   no   sólo   eso…   en   el   trabajo   el   entorno   se   vuelve   permanentemente   hostil.   Los   jefes   tienen   miedo   de   ser   atacados   por   las   personas   de   sus   equipos,   los   trabajadores   de   menor   nivel se ven amenazados por sus jefes… La “incompetencia” en la capacidad para relacionarse con los demás hace que la amenaza sea un continuo… Al llegar a casa la situación no mejora… discusiones, recriminaciones, demandas… El organismo no puede relajarse, permanentemente ha de estar presto a la defensa y… esa situación, insostenible, termina pasando factura… Se ha demostrado que el estrés incide directamente en enfermedades graves: enfermedades cardiacas, respiratorias, del sistema digestivo, del sistema inmunológico, en el cáncer… Pero,   lo   que   es   peor,   no   es   el   estrés   debido   a   grandes   amenazas,   como   “el   ataque   enemigo”   del   encabezado,   el   que   más   influye   en   estas   enfermedades,   ya   que   ese   estrés,   tras   un   pico, vuelve   a   cero   y   hace   que   todo   regrese   a   la   normalidad.   Son   las   “pequeñas   y   continuas   amenazas,   las   que   no   dejan   que   el   cuerpo   se   recupere   y   las   que,   poco   a   poco,   van   socavando todas nuestras defensas y disminuyendo nuestra calidad de vida en el día a día y, en definitiva, nuestra vida, la duración de nuestra vida, en general. ¿Qué podemos hacer? Vimos   que   el   cuerpo   reacciona   igual   ante   las   amenazas   tanto   si   son   reales   como   imaginarias.   Lo   que   la   mente   cree   que   es   real…   ¡es   real   para   el   organismo!   Un   ruido   en   la   oscuridad será amenazante en función de nuestras experiencias previas, independientemente de su procedencia real… No   podemos   evitar   (¿o   sí?)   (¿deberíamos   decir   “no   queremos   evitar”?)   vivir   en   el   entorno   “hostil”   en   el   que   se   desarrolla   la   mayoría   de   nuestra   existencia,   pero   si   que   podemos trabajar sobre nuestras percepciones y sobre el afrontamiento que, ante los estímulos, realiza nuestro cuerpo. Ante   un   “grito”   de   un   cliente   podemos   pensar   que   es   un   ataque   directo   contra   nosotros,   y   reaccionar   a   la   defensiva   o   contraatacando,   o   podemos   pensar   que   “tiene   un   mal   día”   y reaccionar de manera asertiva, tranquilizándole. Ante   “la   amenza”   de   nuestra   pareja   podemos   pensar   que   quiere   hacernos   la   vida   imposible   o   que   es   esa   persona,   de   la   que   nos   enamoramos,   que   está   en   una   situación   en   la   que demanda escucha, comprensión… Ante   amenazas   “menores”   podemos   reaccionar   aguantándolas,   “echándonoslas   a   la   espalda”   o   tomando   medidas   sencillas   para   eliminarlas,   manteniendo   el   arousal   (el   nivel   de   alerta del organismo) a niveles lo más bajos posibles. ¿Cómo    hacerlo?    Por    supuesto,    aprendiendo,    adquiriendo    los    conocimientos    y    ¡entrenándose!    No    existen    “varitas    mágicas”    NO    se    adelgazan    15    kilos    en    una    semana    (sin consecuencias)   no   se   prepara   uno   para   un   maratón   en   cinco   días,   no   aprendemos   un   idioma   en   un   fin   de   semana…   Para   cualquier   cosa   hace   falta   práctica,   entrenamiento,   constancia   y, apara ello hace falta “querer de verdad” salirse del “hayque” y del “me gustaría” y, más aún, del “lo que tendría que ser…” Si quieres estar bien, sano, alegre, en paz, feliz… es posible, pero tiene un precio: conocimiento y entrenamiento. De ti depende pero, si eliges “pasar” al menos ¡deja de quejarte! ©  J. Diego Carro Miembro de la S.E.A.S (Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés) AB Minerva Psicólogos
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Afrontar el estrés

J. Diego Carro

El centinela dio la la alarma Los   hombres   salieron   apresuradamente   de   sus   chozas,   con   las lanzas   y   los   cuchillos   preparados;   acudieron   a   los   puestos que ya tenían previamente asignados prestos a la defensa. La    tensión    era    máxima,    la    atención    a    cualquier    signo amenazante, total. Las    mujeres    se    acurrucaban    en    las    chozas,    abrazando    y protegiendo a sus hijos presas de una gran inquietud. Silencio… Súbitamente   un   nuevo   grito   del   centinela   constató   que   se trataba    de    una    falsa    alarma…    todos    respiraron    aliviados, abandonaron   las   armas,   las   mujeres   salieron   de   las   chozas   y todos volvieron a sus quehaceres habituales, aliviados La paz, la calma habitual volvía a reinar en el poblado…. ************************************************* ************************************************* *********************************** Estrés:   tensión:   preparación   del   organismo   para   afrontar,   con todos    sus    recursos,    una    amenaza.    El    problema    es    que    la amenaza   puede   ser   real   o   imaginaria.   Da   igual,   el   organismo se prepara de la misma manera… En     épocas     remotas     el     estrés     era     un     mecanismo     de supervivencia   justificado   por   las   amenazas   a   las   que   el   ser humano   (realmente,   todos   los   animales)   debía   enfrentarse   y salir airoso para seguir viviendo… Esas   amenazas   eran   esporádicas.   La   rutina   diaria   era   dura pero no amenazante de manera permanente. Hoy   las   cosas   han   cambiado,   hemos   decidido   vivir   en   un entorno   hostil,   con   amenazas   permanentes.   Cualquier   cosa puede “atacarnos” … El   ruido   ambiental   no   nos   permite   relajarnos…   el   olfato   no es   capaz   ya   de   avisarnos   de   todas   las   posibles   amenazas,   las multitudes pueden esconder cualquier ataque… Pero    no    sólo    eso…    en    el    trabajo    el    entorno    se    vuelve permanentemente    hostil.    Los    jefes    tienen    miedo    de    ser atacados   por   las   personas   de   sus   equipos,   los   trabajadores   de menor     nivel     se     ven     amenazados     por     sus     jefes…     La “incompetencia”   en   la   capacidad   para   relacionarse   con   los demás hace que la amenaza sea un continuo… Al    llegar    a    casa    la    situación    no    mejora…    discusiones, recriminaciones, demandas… El    organismo    no    puede    relajarse,    permanentemente    ha    de estar    presto    a    la    defensa    y…    esa    situación,    insostenible, termina pasando factura… Se    ha    demostrado    que    el    estrés    incide    directamente    en enfermedades   graves:   enfermedades   cardiacas,   respiratorias, del    sistema    digestivo,    del    sistema    inmunológico,    en    el cáncer… Pero,    lo    que    es    peor,    no    es    el    estrés    debido    a    grandes amenazas,   como   “el   ataque   enemigo”   del   encabezado,   el   que más   influye   en   estas   enfermedades,   ya   que   ese   estrés,   tras   un pico,   vuelve   a   cero   y   hace   que   todo   regrese   a   la   normalidad. Son   las   “pequeñas   y   continuas   amenazas,   las   que   no   dejan que    el    cuerpo    se    recupere    y    las    que,    poco    a    poco,    van socavando   todas   nuestras   defensas   y   disminuyendo   nuestra calidad   de   vida   en   el   día   a   día   y,   en   definitiva,   nuestra   vida,   la duración de nuestra vida, en general. ¿Qué podemos hacer? Vimos   que   el   cuerpo   reacciona   igual   ante   las   amenazas   tanto si   son   reales   como   imaginarias.   Lo   que   la   mente   cree   que   es real…   ¡es   real   para   el   organismo!   Un   ruido   en   la   oscuridad será   amenazante   en   función   de   nuestras   experiencias   previas, independientemente de su procedencia real… No   podemos   evitar   (¿o   sí?)   (¿deberíamos   decir   “no   queremos evitar”?)   vivir   en   el   entorno   “hostil”   en   el   que   se   desarrolla   la mayoría   de   nuestra   existencia,   pero   si   que   podemos   trabajar sobre   nuestras   percepciones   y   sobre   el   afrontamiento   que, ante los estímulos, realiza nuestro cuerpo. Ante   un   “grito”   de   un   cliente   podemos   pensar   que   es   un ataque   directo   contra   nosotros,   y   reaccionar   a   la   defensiva   o contraatacando,   o   podemos   pensar   que   “tiene   un   mal   día”   y reaccionar de manera asertiva, tranquilizándole. Ante    “la    amenza”    de    nuestra    pareja    podemos    pensar    que quiere   hacernos   la   vida   imposible   o   que   es   esa   persona,   de   la que   nos   enamoramos,   que   está   en   una   situación   en   la   que demanda escucha, comprensión… Ante        amenazas        “menores”        podemos        reaccionar aguantándolas,    “echándonoslas    a    la    espalda”    o    tomando medidas   sencillas   para   eliminarlas,   manteniendo   el   arousal (el   nivel   de   alerta   del   organismo)   a   niveles   lo   más   bajos posibles. ¿Cómo   hacerlo?   Por   supuesto,   aprendiendo,   adquiriendo   los conocimientos   y   ¡entrenándose!   No   existen   “varitas   mágicas” NO   se   adelgazan   15   kilos   en   una   semana   (sin   consecuencias) no    se    prepara    uno    para    un    maratón    en    cinco    días,    no aprendemos   un   idioma   en   un   fin   de   semana…   Para   cualquier cosa   hace   falta   práctica,   entrenamiento,   constancia   y,   apara ello   hace   falta   “querer   de   verdad”   salirse   del   “hayque”   y   del “me gustaría” y, más aún, del “lo que tendría que ser…” Si   quieres   estar   bien,   sano,   alegre,   en   paz,   feliz…   es   posible, pero tiene un precio: conocimiento y entrenamiento. De    ti    depende    pero,    si    eliges    “pasar”    al    menos    ¡deja    de quejarte! ©  J. Diego Carro Miembro de la S.E.A.S (Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés) AB Minerva Psicólogos
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